
Hay un momento muy concreto en la escritura que casi nadie explica y que, sin embargo, es fundamental. Es el instante en que con una idea ya clara nos sentamos frente al documento en blanco para poner las primeras palabras. No siempre la escritura fluye con fluidez, a veces ese primer encuentro con las palabras nos provoca un poco de miedo. No necesariamente por no tener ideas, sino mñas bien por no entender de qué manera guiar al cuerpo a empezar a escribir. Empezar un texto es siempre un pequeño salto al vacío, porque cada vez que decididimos escribir sabemos que nos espera un camino más difícil que simplemente el de ordenar palabras, que tendremos que tomar decisiones y solucionar problemas con los que no contábamos. Y esa incertidumbre hay que aprender a gestionarla. En este artículo exploraremos las características de este primer instante y te daré 3 consejos que pueden resultarte útiles para no dejarte amedrentar por el miedo del primer instante.
El mito del comienzo perfecto
Un buen texto empieza con una frase impactante. Un buen texto comienza con una idea clara. Un buen texto comienza con una declaración absoluta en su estructura. Seguramente has leído más de una vez estos consejos. ¿Qué me dirías si te dijera que forman parte del mito del comienzo perfecto? Evidentemente los comienzos son importantes pero no todos los textos piden lo mismo. A veces, cierto misterio es ideal. Algunos textos nos piden comenzar con cierta debilidad, para sembrar la curiosidad en el lector. La escritura es una acción humana y, como tal, debe ser flexible.
Escribir no es un proceso lineal y si buscamos un texto demasiado ordenado, es posible que no consigamos captar del todo la atención del lector. Una buena forma de pensar en el comienzo es pensar en las emociones. Para poder acercarnos al lector necesitamos atravesar la capa del desinterés, y la única forma de conseguirlo es a través de un giro emocional que llame su atención. Una imagen, una sensación, una escena, una frase suelta… Lo que le sigue a este primer impacto será lo que condicione que el lector se quede a vivir en nuestro texto.
Es importante señalar que los buenos textos suelen empezar con materiales imperfectos: una frase que después se contradice o se borra, una imagen suelta que no sabemos todavía qué significa y que, en el transcurso de la escritura es posible que desaparezca, una escena escrita un poco por arriba para entender cómo funciona… Las primeras palabras deben ser imperfectas, porque tienen el objetivo no de inmortalizar nuestra idea sino de ayudarnos a encontrar el tono y el camino a seguir a lo largo de la escritura. No intentes escribir perfecto este comienzo. Escribe.
Una cosa que puede servirte en este proceso es recordar que las novelas que más te gustan probablemente no comenzaban así al principio, en el primer borrador que compuso su autor o autora. De hecho, muchas primeras frases famosas no fueron las primeras frases escritas, sino que surgieron en el desarrollo de la escritura. Podríamos decir que son el resultado del pensamiento y del acto de escribir, pero no su origen.
Queremos empezar desde ese lugar final. Queremos escribir como si ya hubiéramos atravesado todo el proceso: la duda, el desvío, la versión torpe, la versión que no funciona, la versión que se parece demasiado a otra cosa. Pero la escritura no funciona así. Debemos darnos tiempo y dedicar nuestro entusiasmo y esfuerzo a desandar un camino de búsqueda, entrando en un territorio de ensayo-error hasta dar con las palabras que nuestro texto necesita.

Las primeras palabras deben ser imperfectas
3 consejos para las primeras palabras del texto
A continuación te propongo tres acciones que te pueden ayudar a iniciar este viaje de escritura sin miedo. ¡Anímate a escribir esas primeras palabras, para que luego vengan otras, y otras!
1. Escribe sin juicio
Una buena manera de empezar es dejándose llevar. No busques la frase perfecta para iniciar el texto, mejor escribe las palabras como se asoman a tu mente, desordenadas y confusas, para trabajar con ellas más adelante. Puedes aprovechar una frase y comenzar desde ahí; aunque tengas la convicción de que no funcionará como una primera frase te ayudará a romper el hielo y a ponerte en movimiento.
2. Empieza desde lo concreto
Todo texto empieza con una imagen, una escena, un color. Muchas veces intentamos iniciar la escritura desde una idea global porque partimos de la trama, pero es interesante probar un método más sencillo: comienza desde un objeto o algo muy concreto para seguir escribiendo desde ahí. Puede ser muy útil empezar con un aroma, un gesto, una escena muy específica. Podrás entrar enseguida en el tono del texto y evitarás la parálisis de “qué decir”.
3. Dale espacio a la duda
Los mejores textos son aquellos que ponen en evidencia lo que desconocemos, los que trabajan con el material de la duda. Empieza por ahí. Es mejor preguntar antes que afirmar. Y, a veces, las primeras palabras son aquellas que incorporan la duda en el relato. Nunca olvides que preguntar es una manera de entrar en el texto sin exigir que todo esté claro desde el principio. Es una manera de darle al propio texto la autoridad para mostrarse y descubrirlo mientras se escribe.
¿Te animas a dar el paso a poner esas primeras palabras?
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Escribe dejándote llevar por tu intuición

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