2 libros de Vicente Luis Mora

Siempre he sentido un cierto rechazo por los escritores que usan un lirismo pronunciado, que se materializa en un lenguaje que persigue la elegancia y se olvida de los lectores. Y me molesta este tipo de literatura (y de escritores que escriben para ser leídos por otros escritores) porque cada vez estoy más convencida de que la magia habita en lo pequeño, y que el lenguaje, cuanto más espontáneo (que no simplista), más seductor.

Me gusta la literatura que se acerca y que invita al disfrute enseñando en forma de susurro, los autores que consiguen adular mi inteligencia dejando miguitas de pan para que pueda descubrir sola el camino hacia la luz, y aquellos que consiguen atraparme en una historia sin necesitar de latinazgos o términos extravagantes y propios de un argot que me resulta más elitista que inclusivo. Y sin embargo… a veces tengo que reconocer que ciertos autores con discursos que dejan al descubierto su alta intelectualidad, consiguen hacerme dudar de mis propias certezas, y seducirme como a una niña lectora.

Vicente Luis Mora es uno de ellos. Sus discursos rozan ese punto de rechazo del que hablaba, y sin embargo… hasta ahora todo lo que le he leído me ha resultado fabuloso. Hay en su obra un pensamiento alargado sobre lo que somos y sobre lo que es la literatura que me seduce. Por eso le leo. Supongo que al igual que existen pocos mutantes deambulando por las ciudades, pocos escritores que se jactan de un discurso elevado pertenecen al grupo de Luis Mora: el de los que han sido verdaderamente tocados por el don de la palabra, el don de cuidar el lenguaje y volverlo masa que sirve para dar vida.

Hoy vengo a recomendar dos libros de Vicente Luis Mora que se encuentran entre las mejores lecturas que vas a tener en tus manos este año. ¡No te los pierdas!

Alba Cromm

El pasado de Alba Cromm resulta misterioso. Ese es uno de los puntos principales que la vuelven atractiva a esta guerrera. Se ha entrenado como policía y se dedica a perseguir a delincuentes cibernéticos que, usando Internet, seducen y dañan a los niños que encuentran en chats y redes sociales, aprovechando una de las posibilidades más nocivas de la gran red, el anonimato.

En esta novela, Cromm se hace pasar por una adolescente e intenta contactar con Nemo, uno de los hackers más buscado por la policía, y por ella misma. En su tiempo libre Cromm lleva un diario personal y un blog, donde practica una mirada bifocal en torno a su propia identidad, a su intimidad y a su visión de la vida y las relaciones. Es muy interesante la forma en la que se Vicente Luis Mora consigue encastrar las piezas de un relato habitado por criaturas que aparentemente no tienen nada en común, y demostrarnos que las cosas generalmente no son lo que parecen, ni los otros, lo que aparentan.

Suspenso, crítica social y un uso exquisito del lenguaje convierten esta novela en un espacio donde quedarse sin aliento. Vicente Luis Mora consigue mantenernos siempre enganchados en la lectura; nos invita a sumergirnos en las experiencias de un personaje fascinante, a la vez que reflexiona en torno a asuntos sumamente importantes y de índole actual. Y se apoya con fluidez en una convivencia de discursos y géneros diferentes, sin que en ningún momento la historia decaiga o la heterogeneidad de la voz narradora nos confunda y provoque que perdamos el hilo. ¡Una maravilla que te recomiendo!

Subterráneos

Este libro publicado por la desgraciadamente extinta editorial DVD, es una de esas cosas maravillosas que se te cruzan sólo una vez en la vida. En él encontramos un conjunto de relatos en torno a las realidades que se nos escapan por estar mirando demasiado aquella que sabemos o creemos más cierta.

En todos los horizontes de estas historias hay mundos subterráneos. Algunos, realmente nos presentan realidades bajo tierra. Otros, son más abstractos y metafóricos, y pueden servirnos para reflexionar en torno a lo que habita dentro de nosotros; ahí donde nadie llega, donde reside también la ficción y adonde llegan las palabras que nos hieren. Al mismo tiempo, esta lectura nos permite llevar a cabo diversas reflexiones sobre las jerarquías sociales, los abusos de poder y la naturaleza ambiciosa de nuestra especie.

Francis Trautman es un hombre que padece un trastorno que le impide concluir sus razonamientos; es decir, que comienza sus reflexiones y cuando parece que va a dar con un resultado claro, la línea del pensamiento deriva en otra idea, que a su vez se va desmenuzando, y así… A la larga la reflexión se vuelve cíclica y nunca conclusa, sí confusa. El narrador nos cuenta que todo comenzó con la lectura de Hume, un filósofo escocés que afirmaba que todo pensamiento se encuentra intimamente relacionado con la sensibilidad y la suceptibilidad del sujeto. La naturaleza dispersa de Trautman, ayudada por esta idea, se ha dejado llevar por ese camino y no ha podido volver a encausarse.

En lugar de mencionar los muchos y variados argumentos de las narraciones de «Subterráneos» he preferido decantarme por uno que, creo, es el más representativo de la naturaleza del libro. Tenemos en este relato, «Francis Trautman», una trama precisa que se va abriendo y nunca concluye del todo y que nos invita a empatizar con una criatura incapaz de controlar los impulsos de dispersión de sus pensamientos. Un rasgo que comparte con el resto del libro; porque tengo la impresión de que cada relato resulta ser un gran uróboros, que contiene en su radio muchas otras historias y realidades. Esta cualidad permite que la lectura nos envuelva en una atmósfera caracólica y por momentos absurda pero, curiosamente, absolutamente realista.

Otro elemento presente en este relato y en muchos otros, tiene que ver con la capacidad del autor para asociar sus tramas con universos literarios aparentemente opuestos. Consiguiendo que dichos elementos funcionen en sus relatos como líneas alternativas de lectura. Y digo alternativas porque creo que en esa decisión reside su genio (lo que más me atrae de su narrativa): la convivencia armoniosa de lo real y cotidiano con lo intelectual, de una forma sutil y sin aspavientos narrativos. Nos deja así a los lectores la posibilidad de elegir sus historias como meros espacios lúdicos o como universos donde cultivarnos profundamente. Una libertad que siempre agradezco a los autores.

Algunos creadores, tocados por la magia de la palabra pueden hacer un uso erudito del lenguaje sin perder espontaneidad, carisma y oralidad. Vicente Luis Mora pertenece indudablemente a este grupo. ¡Nadie debería dejar de leerlo!



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