Rubén Darío

Spes

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Jesús, incomparable perdonador de injurias,
óyeme; Sembrador de trigo, dame el tierno
pan de tus hostias; dame, contra el sañudo infierno,
una gracia lustral de iras y lujurias.

Dime que este espantoso horror de la agonía
que me obsede, es no más de mi culpa nefanda,
que al morir hallaré la luz de un nuevo día
y que entonces oiré mi «¡Levántate y anda!»

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Rubén Darío

Comentarios4

  • karina mg PERU UNMSM LA BUSQUEDA ESPIRITUAL.CONCIENCIA.DONDE VAMOS. MAS ALLA INFINITUD....ME GUSTO MUCHISIMO ESTE GRAN POEMA.
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    Luis Sergio Este es uno de los poemas que más me ha impactado. Especialmente en el momento que lo leí, es increíble...
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    Evelio Pereira Salgado Escribir esto con la conciencia que se te agota, es tener mucho valor.
    Tal consideración sobre todo,de ese momento, es extraordinario.

    [email protected]
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    mari11 me encanta
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