Rosario Castellanos

Ajedrez

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Porque éramos amigos y, a ratos,
                                        nos amábamos;
quizá para añadir otro interés
a los muchos que ya nos obligaban
decidimos jugar juegos de inteligencia.

Pusimos un tablero enfrente de nosotros:
equitativo en piezas, en valores,
en posibilidad de movimientos.
Aprendimos las reglas, les juramos respeto
y empezó la partida.

Henos aquí hace un siglo, sentados,
meditando encarnizadamente
cómo dar el zarpazo último que aniquile
de modo inapelable y, para siempre, al otro.

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Comentarios3

  • Jesús Bellísimo hallazgo he realizado(tardíamente, es cierto), de este poema de Castellanos. Que contradictorio, Amigos y amantes centenarios, pero empecinados en aniquilar al otro.
  • Jesús Me prometo leer a Rosario Castellanos. Tiene chispa.
  •  
    Alek Hine Un ajedrez muy crudo, con poco o casi nada de placer (a menos que haya placer en aniquilar a otro).
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