Ricardo Güiraldes

Paseo

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De Río a Copacabana.
Se dispara sobre impecable asfalto,
se agujerea una montaña y se redispara,
en herradura, costeando océano
y venteándose de marisco.
El mar alinea paralelas blancas con calmos siseos.
El cielo está siempre clavado al techo, 
por sus estrellas;
los morros fabrican horizontes de montaña rusa...
Y la luna calavereando.

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