Pelayo Fueyo

El espejo final

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Videmus nunc per speculum
in aenigmate. Tunc autemfacie ad
faciem. Nunc cognosco ex parte;
tunc autem cognoscam et cognitus sum.
San Pablo

But if thou live, remember'd not to be
Die single, and thine image deads whit thee.
W. Shakespeare


I

Esa gota que cae sobre la luna,
¿es dulce,
o es salada?
Sólo queda,
después del claroscuro, ese refugio
del niño en las cortinas,
que simula el fantasma del futuro
cuando arrecia la lluvia;
sólo queda
esa mujer de Lot resucitada
de espaldas al espejo, con un gusto
de resaca marina en las pupilas,
inmune a la penumbra.
Tú dirás:
esa gota que cae sobre la luna,
¿es salada,
o es dulce?
Reconoces
que no hay tiempo posible en este espacio
como segunda piel del laberinto,
y propones un juego:
—Esparcimos
radiografías de nuevas metástasis
con las más tiernas fotos de la infancia.
Las tiramos al aire.
Elegimos
¿La ventana, el espejo? ¿Ayer, ahora?
¿Hacia fuera, hacia mí?

Jano decide.»

II

Los cristales ahumados del eclipse
y el fuego prometeico ante el espejo.
No deberé quemarlo —¿mi distancia?—,
mientras hierva el misterio en las pupilas
que intento reflejar como dos pálpitos.
No deberé quemarlo para verme,
si no existo detrás ni en el reflejo,
sino contra lo vivo de las llamas convulsas,
contra lo permanente que se está imaginando
para anular el mito de mis ojos.

III

¿Naturaleza muerta?
Por el marco,
todo son frutas pútridas o verdes;
es la continuidad de ese pasillo
donde juego a las idas y las vueltas
de lo que soy yo mismo y mi centrífuga;
la tabla salvadora de las lenguas
que se vuelven de plomo entre lo oscuro.

IV

Mi espejismo tumbado para. acabar,
un susto
y un derrame de todos los monólogos.
Para acabar...
Un salto,
y que se alce la carne del milagro
en múltiples reflejos hacia arriba.
Para acabar...
Temblando
de no acabarme así, ni atrás, ni muerto.

V

Y, pasando una página al enigma,
será tomar los marcos por portadas
—inventar su bisagra—, para luego
quemarlos en silencio como un libro
que se lee en penumbra, con la lluvia
que agoniza detrás de los cristales
de las ventanas, todos los reflejos
del espejo anulados y advertidos
para encuadrar reflejos de los otros
a mi memoria y siempre sin mi imagen
o con ésta de ahora en la que escribo
para justificar un epitafio.

VI

EPITAFIO

Todo aquel que atraviesa el corredor del Miedo
llega fatalmente al Ultimo Espejo.
L. Mª. Panero


Y esto escribió la plata en el cristal:

«Le ataron a un espejo, cara a cara.
Lo que tardó en soltarse
supuso carne viva en las muñecas,
futuras cicatrices. Pero el vidrio
conservará el motivo antagonista
como por un exceso de conciencia.»

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