Julio Leite

Yo mesa

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En ésta,
mi memoria de árbol,
a pesar de la tortura
de la sierra
y del darme cuenta
que al caer
el cielo se me iba
para siempre,
me han quedado
ráfagas de nidos,
chisporroteos, digo,
que confundo
con viruta y garlopa
—lágrimas de madera—.
Pues bien,
ahora mi altura
se dispersa
en esta sala
de frondosas copas
que se posan
sobre la llanura
redonda de mi tabla.
He aguantado también
como mesa digna
el sueño delgado,
el sueño fértil
como vega,
sutil
de tanta rabia y amor
gatuno de acechanza.

Yo mesa,
madera elaborada,
antes árbol,
he aguantado
el diluvio del amor;
soy el Caleuche
y tengo ojos,
astillitas que miran,
y tengo niños
que aún se encaraman
por mis ramas,
poetas, músicos, chamanes,
pájaros tengo
que me habitan
y en mi casa,
en la casa del Carlos,
soy mesa, soy árbol
y vuelvo a tener cielos.

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