Jordi Doce

Visita del grajo

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El grajo que reposa en esta página
–el mismo que ha graznado en tantas otras,
profetizando noches, carencias, desengaños–
no tiene constancia de su rango:
el frío del norte enciende su instinto
al azar por los caminos del aire,
pendiente de los hitos del insecto y la semilla.
Es grajo sin saberlo. No conoce
las ropas que le cuelga mi superstición,
los temores y equívocos que su vuelo despierta
bajo la terca lividez del cielo.
Vive ajeno de sí,
absuelto por un clima sin clemencia:
yo lo contemplo desde la ventana
de mi vieja inquietud.

El pulso punitivo de mi ensueño
construye un nido en esta página.
No sé si el grajo viene o es su sombra
la que ahora mira sin mirar, plegadas las alas,
con ojos que me juzgan transparente,
este grajo que trazo con mis dedos
y en el frío de marzo grazna su indiferencia.
El negro de sus alas rima con la pizarra
cuando de pronto tuerce el cuello
buscando no sé qué, tal vez una salida.
Ignora que fabulo su reposo
a fin de que él encarne mis temores.

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Comentarios2

  •  
    Rafael Merida Cruz-Lascano Agradable prosa poética, al pájaro negro amigo de superticion y de la baja temperatura.
    Cuando aparece el grajo, hay un frío del carajo.
  •  
    felipe gonzalez mer Los grajos que miro,
    en busca de alimento vienen
    no provocan suspiro
    graznan a todo lo que tienen,
    cuando vesper al llegar
    les invita pernoctar.
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