María Twist

Eugenio Martínez Orantes

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María Twist era alegre, muy alegre,
reía, cantaba,
y nada tenía para ella
el más mínimo valor.
De punta a punta en la noche bebía
y no tenía penas,
sólo risa y placer.

En busca de dinero y diversiones
se fue a Puerto Cortés.
Un lupanar ruidoso le abrió de par en par
las puertas despintadas,
con amor maternal.

Cada noche era fiesta con luces de colores,
con rones ardorosos que hacían florecer
orquestas en el pecho.

María Twist era alegre, muy alegre.
Aunque de cuando en cuando le rayaban
las ojeras con lágrimas de rimel…
Pero era cosa rara…
Sólo de cuando en cuando.

La epilepsia de un salto la tomó por sorpresa,
cuando bailaba un sueño
en brazos de un rufián.
Cayó en tierra agitada por una fiebre loca
que la hacía bailar
como si fuera twuist.
De un tajo la muerte le arrancó
-sin muchas ceremonia-
sus alas de papel.

El velorio fue alegre,
más alegre que todos los días de su vida:
Con canciones de negros,
de blancos y mulatos,
y, junto a su cadáver, se bailó mucho twist.
Todos los parroquianos y las putas
brindaron con un ron a su salud.

En una sábana blanca la envolvieron
los negros que la fueron a enterrar.
Ninguno le cantó un twist de responso,
tal vez porque nadie sabía,
Que ese era el ritmo de su corazón.
Las otras prostitutas no fueron al entierro.
Sólo alzaron sus copas y brindaron:
“¡Porque María Twist descanse en paz”!
nadie lloró por ella,
ni las gaviotas que lloran por que sí.

La enterraron en un platanar que servía
de cementerio a los negros
y a los blancos pobres.
No dejó dinero para pagar la honra
de que se la comieran
los gusanos que se comen a los gringos
y a la “gente bien”.

Mientras se transforma en abono para el platanar,
la recuerdo con algo de tristeza y de dolor
y, en voz baja, como las prostitutas, digo:
“¡Descansa en paz, María Twist”!



Tegucigalpa, Honduras, abril 4 de 1963.

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Comentarios1
  •  
    el poeta del abismo ¡Vaya forma de narrar!
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