El leísmo

Se denomina leísmo al fenómeno gramatical que surge de la sustitución de los pronombres personales la-las/lo-los por le-les en la posición de complemento directo y en los verbos transitivos del idioma español. “María lo ha amado — María le ha amado” es un ejemplo que sirve para entender al leísmo más allá de su definición.

Es importante mencionar que existen varios tipos de leísmo, tales como el aparente, el deferente, el de contacto y el que se refiere al estándar lingüístico. Este último se carácteriza por ser un rasgo propio del dialecto castellano septentrional y de ciertas formas dialectales que son consideradas vulgares por la Real Academia Española. Según establece la institución, el modo leísta sólo es aceptable cuando el complemento directo de la acción es una persona de sexo masculino. En otras palabras, están aprobadas las expresiones como “a José le besé” o “le vi a Roberto” pero no así las que hacen referencia a mujeres ni al plural basado en personas, tales como “a Mabel le encontré en el shopping” o “al lápiz le perdí”.

El leísmo aparente, por su parte, se produce ante una alteración en el uso pronominal que puede estar generada por variaciones dialectales en el régimen de determinados verbos, tales como pegar, enseñar y tocar, mientras que el deferente se emplea para denominar al caso en el que se usa el pronombre de dativo para concordar con la forma respetuosa “Usted”. Es decir, el leísmo deferente es el que se puede observar en ejemplos como el de “Ayer lo necesité (a usted) / Ayer le necesité (a usted)”.

Por último, hay que decir que el leísmo de contacto se caracteriza por ser el que se produce como consecuencia del contacto con lenguas en las que el régimen pronominal es diferente, tal como sucede, por ejemplo, por la influencia del guaraní en el español paraguayo o del euskera en País Vasco y Navarra.



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