Gustav Steiner

La voz de la Muerte

En frías noches de invierno me abraza
la melancolía.
Cientos de espectros que adentro
claman tu nombre y mi tristeza,
tanto que en su grandeza
confunden lo externo de mi centro
y danme veneno de ambrosía.

Mi alma jamás podrá olvidar
su hermoso nombre,
sus finos cabellos y su piel,
sobre todo el aroma de su ser
tan puro cual niño al nacer,
dulce manzana bañada en miel:
querida, por ti yo era hombre.

En vagos pensamientos estaba
atado a un sueño,
cuando, con suave mirada
sonrióme la casta muerte,
con un dedo tocó mi mente
y supo el nombre de mi amada,
mas ella ya tenía dueño.

Hablome con ronca voz sincera:
Ella nunca te amaba.
Tan fría fue su manera
que no pude huir del miedo,
pero siempre fue mi credo
mas dudaba yo que era...
ahora se que ella me odiaba.

No pude contener la desesperación,
pues rompí en llanto.
Nunca trató de consolarme,
en cambio diome la espalda
y pisó aquella guirnalda.
Jamás fue para animarme
pues nunca amome tanto...

Luego batió sus alas encendidas
y marchó de mi cuarto.
El alba inundaba mi habitación,
las golondrinas cantaban matinas,
volvió el olor de las cocinas,
mas mi corazón preso de esta canción
nunca despertó de su encanto.

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