Un corazón amortajado,
toneladas de cemento y piedras,
unas lágrimas que fueron ignoradas;
dolía hasta mi huella en la alameda.
Y ya está bueno, mi cielo…
Me has ido apuñalando
con tu cuchillo e’madera,
para lenta irme matando
sin percatarme siquiera.
Para este adiós no pretendo
honrarte en la despedida.
No esperes de mí sonrisas,
que bien honda fue mi herida.
Para este adiós yo me debo;
y me debo porque quiero,
que hasta el viento me dio alas
para volar sobre el fuego.
No soy muñeca de trapo,
ni esclava de tus antojos.
Soy de fuego, soy de agua,
soy de sal, soy pura alma.
Y agua bendita traje,
voy a lavarme los miedos.
Que ninguna sombra
empañe lo que me dejaste entero.
Hoy desnudo al fantasma
de la tumba en que viviera.
Si hasta al sol de mi ventana
le dije que no volviera.
Mas al fin tomé las riendas
de aquella condena ajena.
Se la devolví a las olas
y que limpien lo que queda.
Te agradezco que aprendí
a volverme como roca,
intocable como diosa,
y con dignidad, te digo:
Soy espuma de la mar
y de rosas perfumadas,
construida con la luz
de cada mañana clara.
Hoy retomo mis poemas,
mis letras y mis canciones,
y te digo adiós… pero adiós,
de veras.
Porque tú, querido…
¡no merecías mis penas!
Y ya está bueno, mi cielo…
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Autor:
Vicky Ley (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 8 de noviembre de 2026 a las 11:14
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1
- En colecciones: Despedidas.

Offline)
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