El sol se hunde en la arcilla, desangrado
tras el vapor de plátanos hirvientes,
y en El Limón el aire, denso y blando,
se bebe en besos húmedos y ardientes.
No eran días de luz, sino de fuego,
en los setenta de amarga espesura,
cuando la bachata crecía en el sosiego,
sedienta de pecado y de locura.
Más Rafael apretaba con la mano
la madera caliente y sudorosa,
y un pulso de deseo profano
latía en las entrañas de la rosa.
Entraste tú, Alejandra, dando brillo
con una falda breve, nave al viento,
y el colmado tembló bajo el bombillo
que ardía en el voltaje del momento.
Ardió la carne en un frenesí, lentos
los cuerpos se clavaron sin clemencia,
rodillas en la sombra, muslos juntos,
bebiendo el jugo oscuro de la ausencia.
En el cuarto compás, tu pie de poesía
fue un látigo de seda en mi cintura;
tu cadencia enarcó la geografía
del gozo, de la fiebre y de la hondura.
Ese mambo, momento de mayor energía,
donde el bongó y la güira aceleran su repique,
empujan el aire en la resonancia
de las cuerdas que destapan el pique
Rafael y Alejandra en el tablado
quemaron la tormenta y el abrigo:
dos pieles fundidas en un solo grabado,
dos bocas entregadas, tú conmigo.
"Posible origen de una bachata en El Limón, un pueblito de tierra roja"
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 8 de noviembre de 2026 a las 06:36
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

Online)
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