Se alza la noche como un frío cristal, con su brillo callado y su mueca de tal, un eco lejano que duele un poquito, un leve mal, mientras la bruma desparrama su blanca sal sobre la vieja cal.
Es un aire delgado, casi transparente, que se cuela sigiloso entre la sombra fría y la pena de este ente, dejando un sutil y quieto remanente de un tiempo interesante.
Me quedo pensativo, ante el desorden del mundo y solamente sintiendo cómo late el dolor permanente, como un alma quieta pero pensante que busca su norte.
El viejo vidrio guarda un viejo brillo, reflejando la esquina de la orilla, donde yace una rota botella y un viejo vinilo que guarda la música antes de que se zambulla en el viento que aulla.
Se escucha a lo lejos una lejana bulla, mientras el tiempo borra cada huella que alguna vez dejó por aquí ella, brillando a lo lejos como una estrella en medio de la tormenta.
Las horas se arrastran con pasos de plomo, y el pecho se llena de un dejo de asomo, un aire bohemio, de campo y de rista, donde la tristeza se vuelve artista y pinta la tarde con gris melancolía.
No hay llanto violento ni grito desgarrado, sino este silencio que se ha quedado, un arte sencillo que nace en la brecha, mientras la memoria dibuja su flecha y besa la sombra de lo recordado.
Asoma la luna con cara de ausente, abrazando al mundo de forma paciente, dejando en el alma su toque sutil, un aire de otoño, bohemio y gentil, que habita en la tarde de modo latente.
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Autor:
Augusto Fleid (
Online) - Publicado: 7 de noviembre de 2026 a las 23:45
- Categoría: Triste
- Lecturas: 1

Online)
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