Gota a gota rodando por tus labios,
gotas espesas de sangre y fuego,
gotas que caen como un diluvio de nostalgia
como un sudor frio que nos envuelve,
a lentas gotas donde se abre el cuerpo
como el agua que calma la sed.
Así vas impregnada a mí, desde el alma
hasta los huesos. Más húmeda que el llanto,
más eterna que el océano:
es un latido de agua viva,
un oleaje sin orillas que nos revienta las venas
A lentas gotas que destilan en mis manos,
al rio que desemboca en tu cuerpo,
la ola que arremete contra el día
y me hunde el alma como un náufrago.

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