LA BATICUEVA

JVA

 

 

 

 

¿Te acuerdas de la baticueva?

Hoy estuve allí todo el día, amor.

 

Tú nunca estuviste aquí físicamente.

Nunca. Ni una vez.

Nunca viste la luz amarillita de la cocina,

ni escuchaste cómo respiran bajito mis abuelitos cuando duermen,

ni sentiste el frío que se cuela por debajo de la puerta.

 

Pero yo te metí aquí sin darme cuenta.

Te contaba todo.

Cada historia de ellos era para ti.

Cada risa, cada susto.

Así que aunque nunca estuviste,

yo te siento aquí. Estás aquí.

 

Sus habitantes están más vulnerables que nunca,

se les nota en las manos, en la mirada.

Pronto van a necesitarme también de noche,

y me quedaré.

Me quedaré a dormir en el suelo si hace falta,

a velarles el sueño.

 

Y hoy, mientras les arropaba, lo entendí.

A buena hora te fuiste.

Te lo digo con el corazón en la mano, sin espinas.

Si te hubieras quedado,

yo no habría podido con todo.

Me habría partido en dos.

 

Porque yo quería cuidarte a ti.

Dios sabe que quería.

Quería ocupar mis tardes en ti,

en hacerte la cena, en preguntarte si habías descansado,

en quitarte el frío con mis manos.

 

Pero la vida nos quiso en caminos distintos,

y ahora que ya no estás,

todo ese amor que tenía guardado para ti

se lo doy a ellos.

Los cuido como te hubiera cuidado a ti.

Con la misma ternura infinita.

 

Qué frío se siente hoy sin tu presencia entre estos muros.

Qué tontería, ¿verdad?

Si nunca estuviste.

Pero tu nombre, amor,

tu nombre resuena en cada rincón,

en cada espacio vacío,

y me encuentro susurrándolo sin querer.

 

Y me pregunto, con el nudo en la garganta:

¿qué mierda es esto?

¿cómo se deja que alguien se meta tan adentro

que lo buscas hasta en los lugares más escondidos,

hasta donde nunca estuvo?

 

Aquí no hay cobertura, ya lo sabes.

La baticueva está incomunicada,

no entra ni una llamada.

Pero yo igual, desde el patio helado,

levanto la mirada y te envío mi batiseñal,

como quedamos aquella noche.

Por si miras al cielo donde estés

y sabes que sigo aquí, queriéndote bien.

 

La baticueva está triste hoy.

Sus habitantes también, lo sienten todo.

El frío de fuera sopla con una fuerza que duele

y se ha colado por las rendijas hasta mi pecho.

Qué frío hace en este corazón hoy, amor.

Qué frío sin ti...

 

Pero luego, respiro hondo,

miro al horizonte que se ve desde la ventana

y te imagino.

Te imagino libre, cumpliendo tus sueños,

llegando a ese lugar que tanto anhelabas,

con los ojos brillando.

 

Y lloro y sonrío a la vez.

Porque me hace feliz imaginarte feliz.

 

Porque amar, amor mío,

amar de verdad es eso:

dejar que el ser amado sea feliz,

aunque para eso tenga que doler,

aunque eso precise soltar con las manos temblando.

 

Yo ya te solté.

Pero mi batiseñal no se apaga.

Sigue ahí, para ti, siempre, amor.

  • Autor: La niña enamorada (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 7 de noviembre de 2026 a las 12:50
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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