En la calma que sana la herida santa,
una rama cobija al suave y frágil ave,
mientras Eva respira en la tarde sombría,
bajo un cielo somnoliento que apaga el aliento.
Me arrepiento del tiempo que ya se ha perdido,
envuelto en silencios de sombra y de olvido,
mas hoy me siento absuelto de culpas y errores,
en este silencio absoluto y sin flores.
Visto el luto final que dibuja el punto,
un dolor que en bruto atraviesa el plutón,
y en la noche más fría que habita el confuso horizonte,
late pura la vida, callada y profunda.
Llega la madrugada fría y desalmada,
hallándome desarmada pero con el alma armada,
mientras pasa una nube como un tren de las nueve,
y una grieta se abre en el húmedo asfalto.
La noche se esconde detrás de un viejo coche,
mientras suena a lo lejos un triste pentagrama,
que descifra la vida como un gran anagrama
escrito en el barrio de la Candelaria.
Aquella ilusión de la que hoy carecía
solo encarecía la pena encarnada,
mordiendo la carne cual tierna carnada
bajo una señal que era muy distintiva.
Una fina cinta de fe subjetiva
nos guía de nuevo entre sombras fatales,
donde florecen, intactos y firmes, los rojos rosales.
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Autor:
Augusto Fleid (
Online) - Publicado: 6 de noviembre de 2026 a las 19:49
- Categoría: Naturaleza
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