A Flai

Évano

Paseo a Flai por La Gran Vía.

Va husmeando, a veces se detiene

y continúa tras una leve meada.

Arrojo agua con un poco de lejía,

a veces en la misma puerta de un negocio.

Mucha gente recorriendo la misma calle,

mirando escaparates con móvil en mano.

Parece que están, mas no es cierto. Viven

dentro de sí. Viven para su mundo,

tanto da que alguien se retuerza en la acera,

pasarán por alto hasta que, alguna vez,

sean ellos los que escupan espuma por la boca 

y se retuerzan de dolor antes de morir

a la altura del hocico de Flai. Seguro que Flai

se detendría y le lamería el rostro porque él,

aunque parezca que vive dentro de sí,

está atento al mundo de fuera. Quiere.

Ama al que hay que amar,

y odia al que hay que odiar.

 

Paseo a Flai por La Gran Vía y voy

husmeando a los humanos que cruzo.

A veces les meo en las piernas, en mi cabeza,

y Flai me mira un instante, como sonriendo,

como diciéndome: Bien hecho, se lo merecía.

 

A veces me gustaría rociar al mundo entero

con millones de hectómetros de lejía,

y con amoníaco y salfumán y jabón

y pasta de dientes y enjuague bucal.

 

A veces, quiero y logro meterme tanto en mí

que solo Flai es capaz de sacarme.

Gracias, amigo, por tu respeto, tu humildad,

y por esforzarte por hacer cada cosa que haces

lo mejor que sabes, y puedes.

 

.

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  • Autor: Évano (Online Online)
  • Publicado: 5 de noviembre de 2026 a las 16:06
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 1


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