En primavera, cuando la estación
se viste de flores albas y sombras grises,
aguardaban los rieles, sin premura,
a quien buscara nuevos horizontes.
La gente elegía su vagón
con una extraña y muda preferencia;
al pasar frente al viejo fogonero,
nadie ofrecía venias ni reverencias.
Solo se veía brotar, constante,
la dulce sonrisa de una mujer de azul;
aquella que el hombre ya conocía
de verla pasar, viva y en silencio.
Él no le decía nada, cautivo,
pues ni el consuelo guardaba en su leña
ni fuego le quedaba en el brasero
para entibiar su propia soledad.
Envuelto en aromas de salitre y carbón,
permanecía siempre ante su hoguera,
guiando a los viajeros de rutina
hacia la profundidad de sus sueños.
Sus manos, curtidas por el oficio,
se llenaban rápidamente de tiempo;
el desgaste no perdonaba al artesano:
hoy arde más su cansancio que el fogón.
Temprano, en algún lugar del mundo,
anheló dormir entre los vagones,
en rieles adornados de frío óxido
y olvidados moluscos de acero.
Temprano, en algún lugar del alma,
quiso atravesar túneles de luces,
entre silencios y besos abandonados
por aquella eterna mujer de azul.
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Autor:
Vjekoslav Darlić Mardešić (
Online) - Publicado: 5 de noviembre de 2026 a las 13:03
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1
- En colecciones: Antología.

Online)
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