Nota del autor: Si bien no creo en el más allá desde un punto de vista teológico. Sí creo en que la energía no se destruye, se mantiene. Si bien la teología cristiana nos indicaría que él, mi perro, me esperaría junto a San Pedro en la puerta del cielo. El dogma científico me hace inclinarme más porque nuestras energías se entrelazarán en la eternidad. Esto es un pequeño homenaje escrito ya hace dos años por la pérdida del mejor compañero que he tenido.
© 2026 Apunta y Escribe | xabier rivas martínez
Obra bajo licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0).
Alai, mi hijo de cuatro patas.
Dura enfermedad la soledad.
Duro sentimiento el de la pérdida.
Duro tu hueco en mi corazón.
Dura palabra la del adiós.
Dura forma de marchar la tuya.
Duro firmar tu deceso.
Duro el viaje hasta el tanatorio.
Duro el coger tu patita por última vez, sin poder retenerla eternamente..
El mayor ejemplo de resiliencia, fuiste tú.
En tu primer año de vida casi mueres tres veces.
Eso hizo que te quisiera mucho más.
Eso hace que un año después me desgarre tu recuerdo.
Duro mirar a la escalera y no verte bajar.
Duro no ver cómo comías tu yogur.
Duro no sentir tu abrazo nunca más.
Duro vacío el tuyo en el colchón.
Duro entrar en casa y no oír tu ladrido.
Duro no tener tus lametones en la cara.
Duro no ver tu carita feliz nadando en el agua
Duro no verte correr saludando a todo el mundo.
Ya no tengo pelo tuyo en mi ropa.
Ya no recuerdo tu ladrido en mi cerebro.
Ya no queda tu olor en mi coche.
Ya no tengo tus bolsas en el pantalón.
Estuviste conmigo en mis horas más bajas.
Nunca me juzgaste en mis derrotas.
Siempre me abrazaste en mis pocas victorias.
Y yo no pude hacer nada en tu caída.
Aunque juntos hicimos muchos kilómetros.
Se me antojaron pocos a la hora de verte partir.
Diez años tuyos que mi vida fueron escasos.
Aunque guardo cada instante clavado a fuego en mi corazón.
Duro no estar contigo en los paseos.
Duro no sentir que me escuchas.
Duro no notar tu mirada de todo está bien Xabi, ya pasará.
Duro saber que jamás volverás.
Es un perro, ya se pasará el dolor.
Es una mascota, no le des más importancia.
No lo idealices, no es una persona.
Palabras de aquellos animales de dos patas que no se paran a sentir.
No, no era solo un perro, nunca parará el dolor.
No, no era solo una mascota, nunca se irá mi amor.
No, no era una persona, pero era mejor que mil de vosotros.
Sentimientos de aquel que nació para sentir.
Cada una de tus heridas, cicatrizaba a la par en los dos.
Tu paz al dormir, la sintonía de la mía.
Tu sonrisa sin fin, secaba mis lágrimas fuera cual fuese la razón.
Sigo viendo el fulgor de tus ojitos cual faro en la niebla de mi ser, en mis noches más negras.
Pequeña bolita de pelo blanco, no me olvides allá donde estés.
Pequeña bolita de pelo blanco, siempre nadarás en los lagos de mi mente.
Pequeña bolita de pelo blanco, siempre correrás en los prados de mi ser.
Pequeña bolita de pelo blanco, siempre estarás aquí, hasta que yo abandone mi ser.
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Autor:
Apunta y escribe (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 5 de noviembre de 2026 a las 05:47
- Comentario del autor sobre el poema: Nota del autor: Si bien no creo en el más allá desde un punto de vista teológico. Sí creo en que la energía no se destruye, se mantiene. Si bien la teología cristiana nos indicaría que él, mi perro, me esperaría junto a San Pedro en la puerta del cielo. El dogma científico me hace inclinarme más porque nuestras energías se entrelazarán en la eternidad. Esto es un pequeño homenaje escrito ya hace dos años por la pérdida del mejor compañero que he tenido.
- Categoría: Amor
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- Usuarios favoritos de este poema: Xabier Rivas - Apunta y Escribe
- En colecciones: AmoryDesamor, Reflexión.

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