Así la llamaban a aquella aldea, empotrada en la montaña de una región alejada de otros poblados de la zona.
Decían los viejos del lugar que a ella, no se llegaba, sino se volvía.
Un sinuoso sendero angosto era necesario atravesar hasta la fila de árboles que llevaban hasta la aldea. Así, a pie, en forma sencilla sin ninguna clase de transporte.
Pareciera entrar a un refugio, a un descanso, a un sueño quizás…
El trinar de los pajarillos, era una suave melodía, que flotaba en el ambiente pastoral de sus calles, más bien senderos dibujados entre las casas precarias, pero cómodas, a decir de los parroquianos.
Pasear por allí, sería un recuerdo imposible olvidar.
En una especie de encrucijada natural la madre natura ideó un canal de agua cristalina que provenía de lo alto, allí en la cima, según la leyenda.
Con el tiempo se formó una especie de fuente pequeña donde el liquido transparente formaba círculos de colores ayudados por el sol que vigilaba.
Al igual que la vida en la aldea transcurría, sin apuro y tranquilidad, también el agua continuaba cayendo sin interrupción.
Al beberla, una frescura invadía el cuerpo, una rara y apacible sensación, como si los recuerdos regresaban...todo pareciera…comoantes...
Y de allí el nombre de la fantástica aldea.
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*Imagen de la WEB c/texto anexado
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Autor:
Brom Beto (
Online) - Publicado: 3 de noviembre de 2026 a las 14:57
- Categoría: Naturaleza
- Lecturas: 1

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