No sé cómo será exactamente la casa donde algún día vivirás, hija mía, pero muchas veces la he recorrido con mi imaginación.
No necesito una mansión, ni habitaciones lujosas, ni muebles costosos. Me basta con imaginar un hogar donde nunca falten el amor, la tranquilidad y las sonrisas.
Quiero una casa donde las mañanas comiencen con la luz del sol entrando por las ventanas y donde el aroma del café acompañe los primeros momentos del día.
Una casa donde tu madre pueda caminar tranquilamente, donde yo pueda regresar del trabajo y donde tú puedas correr hacia la puerta gritando:
—¡Papá, ya llegaste!
¡Cuántas veces he imaginado ese momento!
Me agacharía para recibirte, dejaría mis preocupaciones a un lado y te levantaría entre mis brazos. Tú me contarías todas las aventuras de tu día, aunque algunas fueran pequeñas historias sin principio ni final.
Y yo te escucharía como si estuvieras contándome el acontecimiento más importante del mundo.
Porque para un padre enamorado de su hija, hasta las historias más sencillas se convierten en tesoros.
---
También he imaginado tu habitación.
Una habitación pequeña, delicada, preparada con muchísimo cariño.
Tendría una cama bonita, algunos muñecos, cuentos infantiles y una ventana desde donde pudieras contemplar las estrellas.
En una de las paredes colocaría una fotografía tuya.
Quizá todavía serías una bebé, con tus pequeñas manos cerradas y los ojos llenos de curiosidad.
Debajo de aquella fotografía escribiría:
«Aquí duerme la niña que primero nació en mis sueños».
Y cuando llegara la noche, antes de acostarte, me sentaría junto a tu cama para contarte historias.
Te hablaría de los animales, de los planetas, de los países que existen en el mundo y de todas las cosas maravillosas que todavía tendrías por descubrir.
También te enseñaría a dar gracias por cada nuevo amanecer.
Quisiera que aprendieras que la verdadera riqueza no siempre se encuentra en lo que tenemos, sino en la capacidad de amar, compartir y agradecer.
---
Me imagino los domingos.
Quizá prepararíamos el desayuno juntos.
Tú querrías ayudarme, aunque terminaras derramando un poco de leche o llenando la mesa de migas.
Tu madre nos miraría sonriendo.
Y yo pensaría que no existe fortuna más grande que contemplar a mi familia reunida.
Después saldríamos a caminar.
Tal vez visitaríamos un parque, compraríamos un helado o simplemente nos sentaríamos bajo un árbol para conversar.
Quisiera enseñarte a disfrutar de las cosas sencillas.
Que no necesitaras grandes regalos para sentirte feliz.
Que comprendieras que un abrazo sincero puede valer más que cualquier objeto costoso.
---
Pero hay algo más que deseo para aquella casa.
Quiero que sea un lugar donde puedas equivocarte sin miedo.
Donde puedas llorar sin sentir vergüenza.
Donde puedas expresar tus pensamientos sin temor a ser juzgada.
Quiero que sepas que tus padres no siempre tendrán todas las respuestas, pero que siempre podrán escucharte.
Y cuando la vida te presente dificultades, quiero que recuerdes que tendrás un hogar al cual regresar.
Porque crecerás, hija mía.
Un día dejarás de necesitar que te tome de la mano para cruzar la calle.
Después aprenderás a caminar sola, tendrás tus propias amistades, tus propios sueños y tus propias decisiones.
Y aunque algún día tus pasos te lleven lejos de aquella casa, siempre habrá una luz encendida esperándote.
---
Todavía no existe tu habitación.
Todavía no hemos comprado tu primera cuna.
Todavía no hay fotografías tuyas sobre nuestras paredes.
Pero en mi imaginación ya he recorrido tantas veces aquel hogar que casi puedo escuchar tus pequeñas pisadas.
Y entonces comprendo que no estoy soñando con una casa.
Estoy soñando con una familia.
Con ese lugar donde el amor tenga nombre, donde la esperanza tenga rostro y donde una pequeña niña pueda crecer sabiendo que fue deseada, esperada y profundamente amada.
Hija mía, si algún día llegas a este mundo, quiero que encuentres una casa preparada para recibirte.
Pero, sobre todo, quiero que encuentres dos corazones preparados para amarte.
Porque antes de construir las paredes de nuestro hogar, yo ya había comenzado a construirte un lugar dentro de mi corazón.
-
Autor:
RONALD TADEO RAMIREZ ELIZALDE (SeudΓ³nimo) (
Offline) - Publicado: 3 de noviembre de 2026 a las 14:53
- CategorΓa: familia
- Lecturas: 1

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. RegΓstrate aquΓ o si ya estΓ‘s registrad@, logueate aquΓ.