Mi cielo, mi martirio.
Que se clave en mi cráneo,
martillen como yunque mi pecho.
Romperé el silencio sin falta de dignidad,
mas será la humildad de gritar este amor.
Suturado está cada pensamiento a ella,
lo ata la soga de un deseo en las memorias;
siento mis vísceras toser la sangre,
es la brea del injusto desamor;
que me muerde y me rompe sin piedad.
¿Hasta cuándo, Dios, soportaré morir por su vino?
borracho de pasión y seducido por su corazón,
esta semilla del iris miel de sus ojos brotará
en mi alma con el néctar lagrimeado del dolor.
Declararle a la muerte mis cantos y mis palabras
es tu estrategia de guerra, así matas lo nuestro,
pero olvidaste que la muerte es un abismo
que la ternura es capaz de rebalsar por completo.
La incapacidad de dejarte es un lamento para mí,
me enterraste en el mausoleo de tus olvidos.
Es de carne mi anhelo por tus labios
y es pequeña mi oportunidad de besarlos,
porque has cerrado lo nuestro con candado.
Es de espíritu este fuego que me consume,
en la santidad del que por ti se desfallece,
y allí presisamente mi cielo, al amarte,
me vuelves mártir ante el Señor.
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Autor:
juan c.c (
Online) - Publicado: 3 de noviembre de 2026 a las 13:35
- Comentario del autor sobre el poema: Esto es poesía hebrea vetestamentaria, pero con un léxico modernizado y temática romántica. Espero les guste.
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

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