A sazón de golpes maduran
las entrañas de la vida.
Estrujada la aventura,
azorado y trémulo el espíritu,
todavía ríe.
Bruto se vuelve el corazón del hombre
cuando el agravio lo despoja de ternura;
y el insulto, envilecido,
se multiplica en la lengua
acrecentando una herida.
Solo el amor maduro
engendra acordes verdaderos,
notas que se enlazan
hasta tornarse en grandiosas melodías.
Y tú te vas,
dejando incompletos los compases,
las notas magníficas que habrían hecho
una preciosa sinfonía de nuestras vidas.
Te vas como un espectro invisible,
una sombra que se aparta
sin promesa de retorno,
sin dejar huella en la luz
ni silueta en la penumbra.
Levantas el vuelo,
te alzas sobre mí como un halcón,
dueño de cielos que abandonas;
mientras yo nado, a tientas,
en las aguas profundas de tu olvido.
Atisba ya la noche,
y busco la quietud que apacigüe
al tigre insomne de mi alma.
Y en su silencio,
entre las ruinas de lo amado,
algo en mí resurge.
Resurjo de aquel amor
que volvió poesía el cuerpo,
que ya no pronuncia tu nombre.
Acrisolados los sentimientos,
fundida al universo
en la fragua de un abrazo,
siento aún al corazón
buscar su nido en un beso
que ya no existe en la carne,
pero mora en la memoria
cual música suficiente
para seguir viviendo.
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Autor:
Isel (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 2 de noviembre de 2026 a las 14:37
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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