Todo comienza en la tiranía del punto:
una semilla ciega que se niega a flotar
y exige una línea para empezar a respirar.
Cuatro trazos. Cuatro murallas de rigor absoluto.
Así nace el cuadrado.
una cárcel de geometría justa,
un acuerdo de paz entre los ángulos rectos
que decidieron no ceder ni un milímetro al azar.
Sobre esta superficie plana,
el tamaño se vuelve ley y destino.
No hay grietas para la duda;
cada vértice es un centinela
que vigila que la figura no sangre hacia afuera,
que el mundo permanezca contenido,
pulcro,
mordido por su propio borde.
La carne de la tercera dimensión
Pero el plano estremece su quietud.
Lo que era sombra bidimensional
busca un cuerpo,
un espesor donde la cuádruple sombra
comience a devorar el aire.
El cubo se alza entonces
como un monolito de silencio.
Ya no es solo el dibujo en la hoja;
es arquitectura densa,
materia que se repliega sobre sí misma
para formar un vientre de doce aristas.
Lo cúbico es el peso del pensamiento exacto
la caja donde guardamos los sueños
hasta que se asfixian,
el dado ciego con el que Dios juega a inventar el tiempo,
la tumba de cristal donde el infinito
aceptó por fin ser medido.
Al cubo, el cubo;
al cuadrado, el cuadrado.
Que cada cosa repose en su sitio preciso.
Porque cuando el hombre ya no soporta la intemperie del caos,
construye una esquina
y se refugia dentro,
esperando que la forma lo salve de la nada.
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Autor:
Augusto Fleid (
Online) - Publicado: 2 de noviembre de 2026 a las 13:45
- Categoría: Fantástico
- Lecturas: 2
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Online)
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