En mi bolsillo.

Loresita

De pronto, la ventana se volvía más transparente: un trayecto hacia mi hogar.

 

Miré lentamente las aves pasar. 

viendo si mi dios decidía hablarme, extenderme su voz en el canto del árbol más sabio.

 

Volqué la mirada hacia mis muslos, y veo 

mi ropa desaparecer, 

Mi carne, 

mi piel, 

mis huesos y mi ser. 

 

Del polvo vine y al polvo me voy

Si ya no tengo pies

¿Cómo voy a correr?

 

En un percance,

el estruendoso sonido de mi calle pedregal quebró por completo el ensueño,

como si algo sobrenatural se mofase de mi fé.

 

En mi bolsillo encontré un cabello tuyo, 

Envuelto entre monedas y papelitos desgastados. 

Es una espiral enredada en los trocitos de mi día, como esas monedas que uno buscaba de niño cuando quería un caramelo.

 

Enredé ese hilo tuyo entre mis dedos, 

como si le diera caricias a tu rostro mientras duermes, como si mis yemas bailaran en la comisura de tus labios. 

Entonces yo, suave, 

besaría tu alma sin irrumpir en tu morada.

 

Vi mis ojos reflejados en el cristal, 

iluminados por la luna llena, 

a la par de la ciudad. 

En ellos se dibujaron dos siluetas, 

aquellas pieles conociéndose por primer vez.

 

Un ser inexpresivo como yo, 

que al verse reflejado no concibe una muestra de ternura o devoción, 

de dolor o confusión, 

un rostro cuyos rasgos 

fueron inhabitables, contenidos.

 

Mostró sorpresa, 

sabiendo que mi piel se eriza

Al pensar en un suspiro de amor, 

con el roce inocente entre los dos.

 

Escuché entonces, tu nombre llamándome. 

En aquella luz que hace temblar a la ciudad 

En aquel sitio, en un rincón de mis ojos ciegos

En el ruido escandaloso, en las aves al cantar

 

Supe que mi Dios, 

No provenía del cielo.

  • Autor: Vega (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 2 de noviembre de 2026 a las 12:42
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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