En cada oportunidad que se presente estaré con ustedes
Mientras haya vida habrá poesía
Samuel se acostó después de una noche de excesos, había bailado y bebido tanto que se acostó todavía con el disfraz de zombie todavía puesto, pensando tan solo que al día siguiente tal vez no acudiría al gimnasio, rutina constante desde hacía seis años cuando, llegado del pueblo para estudiar, vio con cierta envidia cómo salían con músculos macizos después de unas semanas aquéllos que entraban y decidió que eso le daría cierta categoría, pues en su pueblo no había tiempo para ese tipo de actividades; su padre, Don Basilio lo despertaba a él y a sus hermanos muy temprano para realizar las faenas del ranchito que se prolongaban hasta bien entrada la tarde, no tenían televisión y el único deporte que practicaban era el fútbol o la natación en el río cercano, pero su llegada a la ciudad (pensaba) le abría nuevos horizontes, ya no era necesario despertarse tan temprano para atender a los borregos, cuidarla milpa, cortar leña, reparar los corrales, limpiarlos, tampoco ayudar en el sacrificio de animales y la preparación del pulque para las fiestas comunales; no sería necesario disimular su aburrimiento durante las misas y los rosarios a los que tenía el deber de acompañarla en las misas de boda o bautizo, porque, pobre de él o sus hermanos si rezongaban de sus labores bien aprendidas desde la infancia o de sus compromisos con nuestro Señor Jesucristo y María Santísima, su madre se lo diría a su padre y éste, hombre recio (y necio también) tomaría la cuerda de su caballo y a fuerza de cuerazos los ponía a pedir perdón de rodillas por tamaña falta de respeto a sus obligaciones terrenales y espirituales.
Aquélla vida dura había quedado atrás como quedaron también los cuentos de la abuela que a la hora de la cena repartía el atole y les contaba historias oídas a su vez de sus abuelos, de cómo era la vida cuando ella era niña y lo mucho que estaba cambiando el mundo, los aconsejaba con cuentos de animales y también los entretenía con anécdotas escuchadas o presenciadas a los largo de sus ochenta años. Al principio de su vida en la ciudad añoraba su vida familiar, pero poco a poco el ritmo de la ciudad y nuevas rutinas fueron difuminando esos sentimientos, cambio su manera de hablar, de actuar y se convenció de que en su pueblo la ignorancia y la superstición estaban todavía muy arraigados y eso los mantenía, comparados con los adelantos de la ciudad, casi en la edad de piedra, se convenció de que para modernizarse debían dejar a un lado ciertas costumbres; conforme pasaba el tiempo sus padres envejecían y él se alejaba más de las enseñanzas con las cuales fue educado, su padre sin embargo a pesar de la edad se conservaba activo, su piel curtida y sus músculos correosos no descansaban, del ranchito ya no quedaba más que la casa de adobe, en el corral un solo caballo "Pecas", unas cuanta gallinas y borregos, la milpa se había reducido a una parcela donde se sembraban algunas verduras y un gran árbol e níspero; cada vez que él llegaba de visita terminaban discutiendo porque su padre no era capaz de asimilar que la vida como él la conoció había cambiado junto con los valores, más que criticar su indumentaria, lo que le exasperaba eran sus modales, pues según sus palabras "la ciudad le había sorbido el seso", se expresaba con groserías y se burlaba de la devoción de su señora madre que por lo menos le pedía rezar para bendecir la comida, además, según él, "esos ginasios o como se diga son para putas y maricas que solo quieren adornar la carne pero no saben echar tortillas ni clavar una tranca de corral". Convencido Samuel de que sus viejos eran incapaces de asimilar los adelantos de la civilización ya no insistía y procuraba regresar sólo para reuniones familiares, un 10 de mayo, el cumpleaños de algún sobrino, navidades y a veces 2 de noviembre, ésta última fecha muy apreciada por su madre, quien preparaba con amor y cuidado su altar desde el día 28 para que ningún angelito de Dios quedara sin festejar.
Samuel por su parte no solía adornar, si acaso un árbol de navidad en diciembre y las fechas feriadas solía simplemente salir con sus amistades y pasarla bailando y brindando, brindis que muchas veces terminaban en borracheras como las de ese 31 de octubre en la que, profundamente dormido creyó escucharla voz de su padre a lejos (éste había fallecido unos días atrás) Samuel se acomodó en la cama, pero un fuerte tirón lo despojó de ésta y entonces, escuchó nítida la voz de su padre:
-¡Levántate huevón, te toca darle de comer a los borregos!
Samuel, por un instante transportado a su infancia se sentó de golpe y se talló los ojos, incrédulo ante la voz y más aún hacia la figura que frente a él le había arrebatado la sábana: sin duda era su padre, vestía su pantalón viejo y la camisa arremangada, traía puesto su sombrero de paja y en la mano sostenía la cuerda con la que solía atar a "Pecas", aún aturdido por el sueño y la aparición:
-Papá, ya no vivo en el rancho, estoy en la ciudad, aquí no hay borregos.
Él, que como ya mencioné solía ser necio replicó:
-Ah chingaos, de veras, se me olvidó que ya te saliste del huacal y prefieres el baile y la borrachera.
-Ya, papá, no me venga con sermones, soy adulto y usted está muerto.
-¡Mentecato! a mí no me callas, sigo siendo tu padre y...¿Qué dijiste ingrato?
-¡Usted falleció hace unos días, está usted bien muerto y enterrado, ya váyase que mañana quiero ir al gimnasio!
-¡Pinche cabrón, no me contestes así! Desde que te fuiste a levantar el culo se te olvidó cómo se trabaja, pareces piruja con esas playeras pegadas que traes, jamás yo no necesité ir con Nemesio o como se llame ese lugar para estar sano y fuerte, ¿Qué me petatié? ¡Como no! Hasta al "Pecas! le da risa.
Samuel, a quien ya le empezaba a doler la cabeza fue al escritorio y sacó un papel, luego dijo:
-¡Aquí está su certificado de defunción, usted murió el 25 de octubre, hoy e 31 de octubre!¡usted vino sin "Pecas" y está en mi departamento, ya váyase que lo está esperando San Pedro!
-¡Con una chingada, te voy a romper el hoci…!
Al jalar la cuerda para acercarse, Don Basilio se percató de que efectivamente no traía caballo, luego miró la habitación de su hijo y se rascó la cabeza, pensando mientras Samuel, viendo que por fin su padre se convencería de que había fallecido y podría acostarse y recuperar el sueño.
-¿Entonces ya soy difunto? ¿Y hoy es 31 de octubre?
-Exacto, de hecho es la madrugada del 1 de noviembre y necesito seguir durmiendo.
Entonces don Basilio, o m{as bien su ánima se puso tan colorada como un jalapeño y encolerizado le increpó:
-¿Y no me pusiste un altar? ¡Ni un café has sido capaz de prepararme cabrón! ¡Yo no crié holgazanes! ¡Quiero mi altar con las fotos de tu madre, los abuelos y tus tíos, flores y pulque de guayaba!
Samuel, cansado y con la cruda realidad taladrándole las sienes replicó:
-Padre. ya las fotos están digitalizadas, esos altares con cosa del pasado, yo no se hacerlos.
Pero don Basilio no estaba dispuesto a ceder:
-¿Cómo que hospitalizadas? ¡Me vale un huevo de toro lo que tengas que hacer¡ ¡Quiero mi altar, porque si no te voy a llevar a cortar leña para los hornos del infierno, ahora vas a ver tú y tus pretextos pendejos!¡Además pareces más muerto que yo con esa cara que te pintaste y los harapos que te pusiste!¿Acaso eres pepenador?¿No te enseñamos a vestir pobres pero decentes?
Y, como si estuviera azotando pencas de maguey cayó sobre su hijo con la reata del "Pecas", Samuel ya no sentía lo duro sino lo tupido y, como si fuera niño gimió y pidió perdón prometiendo hacer el altar solicitado apenas abrieran el mercado y hasta una novena al Sagrado corazón de Jesús; al otro día, adolorido por la fantasmal paliza se dispuso a cumplir la voluntad del difunto.
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Autor:
Lourdes Aguilar (
Offline) - Publicado: 1 de noviembre de 2026 a las 18:27
- Comentario del autor sobre el poema: Elrefrán completo: Genio y figura hasta la sepultura
- Categoría: fecha-especial
- Lecturas: 4

Offline)
Comentarios1
Hola Lourdes
¡Qué joya de relato!
Me ha parecido una pieza magnífica, escrita con una agudeza e ingenio increíbles. Logras retratar con un humor impecable y un ritmo dinámico ese choque tan real entre la modernidad urbana y el peso de las raíces rurales.
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