A MI QUERIDA PANAMÁ

JUSTO ALDÚ



A MI QUERIDA PANAMÁ
123 años de su separación de Colombia (1903-2026)

¡Cuántos años de incógnitos pesares,
mi espíritu buscaba más allá
a mi hermosa sultana de dos mares,
la reina de dos mundos, Panamá!

Autora: Amelia Denis de Icaza.
Poema: Al Cerro Ancón.
Panamá, 1906.

Panamá, no naciste de un mapa ni de un decreto,
tu origen fue una audacia de la tierra y del mar;
dos océanos te dieron su horizonte secreto
y el mundo halló en tu cintura una manera de cruzar.

 
Tu istmo es una costura que el planeta no desata,
una arteria de agua abierta entre dos inmensidades;
por tus esclusas el tiempo cambia de piel y de fragata,
mientras el comercio escribe sus rutas sobre tus edades.

 
Boquete guarda en sus laderas la alquimia de la altura,
donde el café Geisha madura con vocación de eternidad;
cada grano lleva dentro la paciente arquitectura
de un aroma que conquista los paladares del mundo con su verdad.

 
Desde el volcán hasta el Darién, tu geografía respira,
con bosques que aún conversan en idiomas vegetales;
el quetzal cruza el silencio, la orquídea se transpira
y los ríos llevan en sus hombros geografías ancestrales.

 
Tus playas son alfabetos de espuma y transparencia,
tus islas, pensamientos que emergieron del azul;
San Blas despliega sus molas como libros de paciencia,
y el Caribe borda estrellas en la espalda de su luz.

 
En el Golfo de Chiriquí, cuando el invierno se inclina,
las ballenas jorobadas vienen a parir su porvenir;
el océano se vuelve una maternal cortina
donde la vida aprende nuevamente a descubrir.

 
Y allá, bajo las aguas, los pequeños cetáceos
ensayan sus primeros mapas de sal y libertad;
Panamá les ofrece sus silenciosos palacios,
una cuna sin fronteras, sin relojes ni edad.

 
Tu mesa es un territorio donde la memoria guisa,
el sancocho tiene historias que el fogón sabe contar;
el tamal guarda diciembre, la tortilla su sonrisa,
y el arroz con guandú tiene raíces para recordar.

 
El chicheme, con su dulzura de maíz hecho ternura,
lleva en cada sorbo un patio, una tarde y un portal;
los bollos preñados custodian, bajo su humilde envoltura,
el secreto de una cocina que no entiende de final.


Y el vino de palma desciende con su antigua ceremonia,
como un rumor de los ancestros que se niega a envejecer;
en su sabor se entrelazan la tierra y la memoria,
esa sabiduría del pueblo que no necesita escribirse para ser.

 
También eres territorio de caballos y de hazañas,
de jinetes cuya destreza desafía la gravedad;
en tus pistas la elegancia se convierte en artimaña
y el coraje lleva espuelas para domar la inmensidad.

 
De tus canchas han brotado voluntades de titanes,
de atletas que hicieron de su esfuerzo una razón;
sus nombres cruzan fronteras, derriban los afanes,
y ponen sobre el planeta la bandera del corazón.

 
Tienes la voz de Rubén, el tambor de tus raíces,
la pluma que interroga, la música que da identidad;
tus artistas hacen puentes donde otros alzan cicatrices,
y tus pueblos multiplican los matices de su verdad.

 
Ciento veintitrés años desde aquel noviembre decisivo,
cuando elegiste tu destino sin pedirle permiso al mar;
la historia no fue un regalo ni un capricho fugitivo:
fue la voluntad de un pueblo que aprendió a determinar su andar.

 
Por eso, Panamá, cuando pronuncio tu nombre,
no nombro solamente una nación sobre el papel;
nombro una tierra que hizo del horizonte su pronombre,
y un pueblo que lleva al mundo sin dejar de ser él.

 

JUSTO ALDÚ © 2026

  • Autor: JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 1 de noviembre de 2026 a las 12:29
  • Comentario del autor sobre el poema: No memorices lecciones de dictaduras ni encierros que la patria no la definen quienen reprimen al pueblo. R. Blades
  • Categoría: fecha-especial
  • Lecturas: 1


Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.