Yo no tengo hambre, Macario.
Yo tengo sed de tener sed.
Me he conformado con el cántaro vacío
solo por oír cómo se arremolina el viento
y la arcilla se devasta.
Beber arena no mata a quien come barro.
Mirar el camino de ceniza detrás
con la certeza del destino
es estar ya tocando la puerta
que al abrirse de par en par nunca se abrirá.
Dame de tu agua, Macario. O, mejor,
dame de tu hambre porque tengo sed.
El hambre es lo que mejor se reparte,
pero yo quiero la tuya.
La escondida, la que no comparte
así lo pidan los dioses del inframundo
o los blanqueados por las nubes.
Tengo sed de tu hambre subterránea
y apetito de nunca saciarla.
Quiero el amor de vivir
y que la muerte me persiga,
no al revés,
para que cuando al fin nos encontremos
ninguno diga: Te encontré
y ya perdiste.
Nunca ganarás lo que yo he ganado,
aunque al final te cuelgues mi medalla
del último en llegar.
Olvera, P. México, 31 de octubre de 2026
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Autor:
Pedro Olvera (
Offline) - Publicado: 1 de noviembre de 2026 a las 02:39
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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