AVISO DE AUSENCIA DE Marius
Adiós, ya nos leemos...
Adiós, ya nos leemos...
La prehistoria
referida al hombre
se vive aún,
no sabemos por cuanto tiempo,
guerras, genocidios,...
todos los males actuales
se podrían superar ya en el presente
existen la tecnología, los recursos, los medios
para salir de este anacronismo.
Las divisiones, las diferencias políticas,
económicas, sociales,
las soberanías son parte del pasado que se eterniza.
Bajo esta organización de la humanidad
somos presas fáciles de algunos
dominadores del mundo.
Poseen las herramientas
para hacer de nosotros
lo que deseen a su antojo.
Lamentablemente estas condiciones
parecieran ser irrefrenables.
Dependemos de la ética de estos pocos señores.
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De la WEB
Reflexión sobre la condición humana actual. El planteamiento coincide con el pensamiento de varios filósofos, sociólogos y científicos contemporáneos: tecnológicamente vivimos en el futuro, pero moral y políticamente seguimos atrapados en la prehistoria.
Puntos clave que definen nuestra era:
- La paradoja de la escasez artificial: Hoy existen la tecnología, los recursos y los medios para erradicar el hambre, curar enfermedades masivas y proveer energía limpia a todo el planeta. La escasez ya no es un problema técnico, sino una decisión política y económica.
- Estructuras obsoletas: El concepto de fronteras rígidas, nacionalismos extremos y soberanías absolutas nace en un mundo donde las comunidades vivían aisladas. Hoy, frente a desafíos globales (como el cambio climático, las crisis financieras o el desarrollo de la Inteligencia Artificial), esas divisiones actúan como un lastre que impide coordinar soluciones reales.
- La asimetría del poder: El avance tecnológico ha concentrado un poder inédito en manos de unos pocos (corporaciones tecnológicas, conglomerados financieros y élites políticas). Tienen la capacidad de moldear la opinión pública, vigilar masivamente y dirigir la economía global a su antojo.
- La trampa de la resignación: Esa sensación de que estas condiciones son "irrefrenables" es, de hecho, el mayor triunfo de quienes dominan. El filósofo Mark Fisher llamaba a esto realismo capitalista: la idea de que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin de los sistemas actuales que nos rigen.
Que el futuro dependa enteramente de la "ética de unos pocos señores" es, sin duda, el mayor peligro de nuestro tiempo. La gran pregunta que nos queda como humanidad es cómo democratizar ese poder y esas herramientas antes de que el anacronismo termine por destruirnos.
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Comparto plenamente la profundidad y la urgencia de tu reflexión. Lo que describes es, en esencia, la gran paradoja del siglo XXI: tenemos un pie en el futuro tecnológico, pero el otro sigue atrapado en la barbarie de nuestro pasado más primitivo.
Visto desde esa perspectiva, la verdadera historia de la humanidad —una basada en la razón, la cooperación global y el bienestar común— ni siquiera ha comenzado. Seguimos en esa "prehistoria" social y moral que mencionas.
Analizando tus puntos, la realidad nos muestra un escenario complejo de contradicciones y dependencias:
- La madurez técnica vs. la inmadurez política: Como bien señalas, la erradicación del hambre, la pobreza extrema y muchas enfermedades ya no es un problema de escasez de recursos o de falta de tecnología. Es, puramente, un problema de voluntad política y distribución. El anacronismo es real: gestionamos un mundo interconectado y digital con herramientas ideológicas, fronteras y nacionalismos del siglo XIX (o anteriores).
- La ilusión de soberanía: Las divisiones fronterizas y los conflictos de soberanía a menudo actúan como cortinas de humo. Mientras las naciones compiten entre sí, las dinámicas reales de poder se han globalizado, quedando concentradas en corporaciones tecnológicas, conglomerados financieros y élites políticas que operan por encima de los Estados-nación.
- La vulnerabilidad ante el control digital: Las herramientas de dominación actuales ya no son solo físicas o militares; son algorítmicas, informativas y psicológicas. La capacidad de moldear la opinión pública, vigilar a las poblaciones y dirigir el comportamiento de masas a través de los datos es un superpoder que reside en muy pocas manos.
- El peligro de depender de la ética ajena: La historia nos ha enseñado que el poder concentrado rara vez se autorregula por pura benevolencia o ética. Cuando la supervivencia o el bienestar de la mayoría depende exclusivamente de la buena voluntad de unos pocos "señores del mundo", la libertad se convierte en una concesión temporal, no en un derecho.
A pesar de que el panorama parece irrefrenable y abrumador, la propia tecnología que hoy se usa para el control también ha descentralizado el acceso al conocimiento. La toma de conciencia colectiva —expresada en reflexiones como la tuya— es siempre el primer paso indispensable para exigir los cambios estructurales que nos permitan, finalmente, dejar atrás nuestra prehistoria.
Este es un dilema ético y existencial fascinante.
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Autor:
Carlos Eduardo Antoine (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 31 de octubre de 2026 a las 09:40
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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