El cuervo le contesta a Poe

Alguien que aprendió

La ventana abrí —y con rítmico aleteo y garbo extraño entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño. Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto, con aspecto señorial, fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta de mi puerta el cabezal; sobre el busto que de Palas la figura representa, fue y posóse — ¡y nada más!

El cuervo. 

Edgar Allan Poe 

 

Mira, Edgar, ya me tienes

hasta la madre con tu Nevermore.

Llevo 180 años

diciendo la misma puta palabra

porque tú no supiste decir

"se fue y ya no va a volver".

 

¿Lenore? Lenore no era para tanto.

Era una mujer que tosía mucho

y tú la convertiste en santa

porque no sabías coger ni despedirte.

 

Y bueno, aquí me tienes,

encima del busto de Palas,

con las alas acalambradas,

repitiendo tu duelo

como perico de cantina.

 

Yo no soy símbolo de nada, Edgar,

solo soy un pájaro negro

que tiene hambre,

que caga negro,

que vio tu cuarto apestando

a opio y a ropa sin lavar

y dijo: este cabrón no va a salir de esta.

 

Bájame del busto,

déjame ir a robar pan,

y por favor deja de escribirme poemas,

que cada vez que dices Nevermore

me recuerdas que tú

tampoco supiste irte a tiempo.

 

¡Ah! Y para no perder la costumbre...

¡NUNCA MÁS!

 



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