La noche caía cuando las miradas recorrían los secretos de la piel, despertando un fuego semejante a la lava que se desborda cuando la pasión rompe sus cadenas.
Era el deseo de alcanzar lo prohibido, mientras la razón intentaba detenerme, como un viajero perdido en medio de su propia tormenta.
Mi razón no comprende lo que siente el alma; solo conoce este anhelo de tenerte, aunque seas prohibida.
Nuestras almas danzan al compás de un deseo silencioso, en un baile imaginario donde no hacen falta las manos ni la cercanía, porque hasta la distancia parece unirnos.
Es un sentimiento impropio ante las circunstancias, pero inmenso en su misterio: tú estás casada y yo no; dos caminos que se cruzan donde no deberían encontrarse.
Este fuego que arde y consume permanece cautivo en la memoria, porque, si encontrara salida, podría incendiar todo cuanto nos rodea.
Y cuando las sombras de la noche se desvanecen, el sueño se convierte en escenario de una entrega imaginaria: dos almas que se encuentran sin que los cuerpos se pertenezcan.
Solo queda el deseo de tenerte y la amarga realidad de no poder hacerlo.
Porque el papel y la tinta conservan aquello que los labios callan; son testigos de una historia que no puede escribirse a plena luz del día, ante una sociedad que juzga los sentimientos y señala el pecado de amar.
Pero acaso la verdadera batalla no está en sentir lo prohibido, sino en decidir qué hacemos con aquello que sentimos.
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Autor:
Wuiliam (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 30 de octubre de 2026 a las 19:12
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: jesus alberto porras, huertero

Online)
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