Sentí tu llamado y con él
tu miedo a que la flama se apague.
Sin saberlo,
fui custodia de ascua perenne.
Con improvvisa tinta susurraste
en mi oído;
cual lucerna,
tu nombre apareció en espesa niebla,
que ocultaba la tierra
y su ofrenda fértil.
Los vientres que llevaron la siembra
cuentan callados
de tu linaje hendido.
Tantos pujos necesitó este hogar mío,
tantos soles para llegar a este que hoy abriga.
Mañanas de escarcha pétrea y leche quemada.
Cartas que no supieron escribirse
afloran en mi puño.
No quiso tu historia quedarse en quilla;
esquiva el olvido y me halla tardía.
Aliento silvestre exhala secretos
entre ordeñe y vendimia;
siglos reposan, pesante bagaje.
Lontana pastorela atraviesa los tiempos;
en suspiros de ciaramella,
tu voz me bendice,
me nombra.
Piden agua las raíces, aire tu follaje;
tejido rojizo surcando el océano:
isobaras de premura,
gradiente de retorno.
¿Qué puedo yo devolver a tus manos
si me son negados los grillos
que cantaron tus nanas?
No es mía la añoranza:
el coraje que arribó una vez
fue su imagen, yo apenas
soy préstamo de tus días.
Symbolon.
Quizás tú, cual velamen,
protejas al retoño frágil
que creció sobre las ramas;
ausencia hecha carne
en quien perdura
el legado de la extrañeza.
Epífita.
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Autor:
Maira Daniela (
Offline) - Publicado: 30 de octubre de 2026 a las 21:06
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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