Hay días inútiles.
Ni siquiera sirven
para ser olvidados.
Días que se anochecen solos,
se traspapelan en el almanaque,
llegan tarde a su propia tarde.
Cucharitas que se revuelven de hastío,
espejos que se miran entre ellos,
una mosca testaruda
que insiste en atravesar el vidrio.
Palabras, como estas, que nacen
con vocación de desperdicio,
saludos que se despiden,
promesas que se prometen rotas.
¿Para qué tanto trámite?
Se nos pasa la hora,
el invierno, la gente,
las personas
que juraron no pasar.
Y uno,
con su sarta de casi,
su inventario de hubiera,
su idiotez de todavía,
que arrastra la nada,
nadeando en lo mismo,
en lo mismo de siempre,
de siempre de nunca,
nunca de nada.
Porque lo inútil
persiste.
Se multiplica.
Se reproduce
por si acaso.
Se nos mete en los martes.
Nos falsea la escuadra.
Nos esconde los porqués.
Hasta que un día
descubrimos que aquello
que no servía para nada
es
lo que nos hubiera pasado.
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Autor:
Eduardo Villacal (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 30 de octubre de 2026 a las 18:02
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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