En mi acto diario te hostigaría a cariños y besos, porque no sé habitar los espacios tibios ni entiendo de distancias prudentes.
Yo amo con una fuerza descomunal. Soy el incendio que no mide las consecuencias, la marea que regresa siempre con el doble de furia, el pulso acelerado que no sabe de pausas.
Porque conmigo no existen los amores a medias. No comprendo los afectos dosificados, ni los silencios estratégicos, ni el cariño guardado bajo llave para el día siguiente. No sé querer solamente cuando nadie mira, ni acostumbrarme a ser un secreto bonito en la vida de alguien.
Conmigo es todo o nada.
Es entregarlo todo hasta que nos duelan los huesos, o dar un paso atrás y dejar el abismo intacto.
Durante mucho tiempo creí que amar era suficiente, que bastaba con sentirlo todo, incluso cuando había que conformarse con las sobras de un tiempo, con las migajas de una presencia o con esos instantes prestados que, por hermosos que fueran, nunca terminaban de pertenecernos.
Pero he entendido que hay lugares en los que el corazón puede quedarse a vivir, aunque la dignidad termine muriendo de frío.
Y yo no quiero ser la pausa en la historia de un hombre, ni el refugio al que regresa cuando el mundo le pesa, ni esa llama que enciende a escondidas mientras conserva su luz en otra ventana.
No nací para compartir las noches de quien quisiera despertar conmigo todas las mañanas. No quiero ser una posibilidad entre muchas, ni una tentación que se visita cuando las circunstancias lo permiten. Quiero esa libertad inmensa de amar sin tener que medir mis palabras, esconder mis caricias o preguntarme hasta dónde me está permitido llegar.
Quiero ser hogar, no escondite. Elección, no coincidencia. Presencia, no paréntesis.
Porque si voy a darte esta manera mía de amar, quiero hacerlo sin puertas entreabiertas, sin relojes que nos apuren, sin despedidas que nos devuelvan a nuestras respectivas soledades.
Quiero poder mirarte y saber que no tengo que compartir contigo solamente los fragmentos que sobran de tu vida. Que también hay un lugar para mí en tus días ordinarios, en tus planes, en tus silencios y en ese futuro que no se menciona por miedo a prometer demasiado.
No porque quiera poseerte, sino porque, cuando amo, necesito la certeza de que caminamos hacia el mismo lugar; que no soy la única construyendo un nosotros mientras tú conservas intacta la posibilidad de marcharte.
Si decides quedarte, asume el riesgo de conocerme entera: la ternura que me desborda, la pasión que me incendia, la lealtad con la que te elegiría incluso en los días difíciles y esta manera mía de no saber querer con una parte del alma mientras la otra aprende a resignarse.
Pero si tu corazón ya tiene otro destino, no me pidas que me convierta en un rincón de tu vida. Yo también he aprendido a reconocer mis límites, y entre tenerte a ratos y perderte por completo, prefiero el dolor limpio de la ausencia a la herida lenta de conformarme.
Porque yo jamás sabré ser solamente un soplo de viento.
Soy la tormenta entera, sí, pero también he aprendido que no todas las tormentas merecen entrar en cualquier casa.
Y si alguna vez abro la puerta de la mía, no será para que alguien venga a visitarme cuando pueda, sino para que llegue quien tenga la libertad, el deseo y la certeza de quedarse.
No te enamores de mí si no estás dispuesto a elegirme. Porque yo ya no quiero ser el amor que alguien siente en secreto; quiero ser el amor que alguien tiene el valor de vivir.
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Autor:
Zuleyma Arroyo (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 30 de octubre de 2026 a las 14:45
- Comentario del autor sobre el poema: El amor nunca debe ser poquito.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1
- En colecciones: Amor!.

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