Y si tal vez no somos libres como creemos
Y si aquello que llamamos voluntad
es apenas un deseo implantado en la mente,
una orden disfrazada de necesidad
Y si quizá lo que decimos elegir
fue impuesto por alguien más,
por manos que jamás hemos visto,
por voces que aprendimos a obedecer
sin siquiera escuchar
Y si solo somos marionetas
en manos de quienes tienen el poder
de manejar nuestros hilos,
mientras nos convencen
de que sabemos hacia dónde correr
Nos dieron mil caminos
y olvidamos preguntar quién construyó las paredes.
Nos enseñaron a desear ciertas cosas
y llamamos libertad al conseguirlas.
Nos venden el miedo,
nos compran la esperanza,
nos dictan qué odiar,
a quién temer
y por qué debemos dar las gracias.
Mientras discutimos por nuestras diferencias,
alguien, desde las sombras,
mueve las piezas del tablero.
No necesita cadenas
si consigue que amemos nuestra prisión;
si ni siquiera necesita silenciarnos
si puede sembrar sus palabras y deseos
en el fondo de nuestra razón.
El Gran Hermano no siempre tiene rostro,
ni necesita mirarnos desde una pantalla.
A veces vive en nuestras costumbres,
en nuestros deseos,
En nuestros placeres,
en esa voz interior que nos ordena
ser lo que todos esperan.
Quizá la jaula nunca estuvo cerrada.
Quizá jamás hubo barrotes que romper.
Quizá el truco más perverso del poder
fue enseñarnos a no querer salir de ella.
Y ahora dime…
Si mañana descubrieras
que hasta tus pensamientos tienen dueño,
¿te atreverías a dudar de todo
o defenderías tus cadenas
solo porque aprendiste a llamarlas libertad?
Tal vez el Gran Hermano no tema que lo derroquemos.
Tal vez su mayor victoria
sea que, aun después de descubrirlo,
sigamos viviendo como si no existiera.
Y lo más aterrador no es que nos vigile…
Es que llegue el día
en que ya no necesite hacerlo,
porque habremos aprendido
a vigilarnos nosotros mismos.
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Autor:
Crizs Matt (
Online) - Publicado: 30 de octubre de 2026 a las 13:36
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1
- Usuarios favoritos de este poema: Vogelfrei

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