Desde fuera,
la vida de los demás
parece más sencilla.
Se ve el resultado,
pero no las veces que salió mal,
los años de práctica
ni todo lo que hubo que aprender
para que algo pareciera fácil.
Después llega quien lo intenta
y descubre que mirar
no es lo mismo que hacer.
Algunas conclusiones
empiezan a desvanecerse
cuando toca ponerlas a prueba.
Lo que parecía natural
comienza a revelar todo lo que no se veía,
y la distancia entre observar y actuar
deja de medirse
desde un lugar tan cómodo.
No siempre es envidia.
A veces es solo desconocimiento.
La costumbre de juzgar el camino
sin haber recorrido todavía
ni uno solo de sus pasos.

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