DÍAS DE SILENCIO (1).

Nkonek Almanorri

 



En aquellos años cuarenta - en los cuales yo aún no había nacido - y hasta mediados de los sesenta largos y que fue cuando empezó a llegar el turismo de masa a Canarias - diez años después de que los EEUU lo autorizara tras la promesa de Franco a la CIA primero y al Presidente Eisenhower después de que a España no llegaría ni entraría jamás el comunismo - fue entonces, digo, que llegaron y aparecieron en masa aquellos señoritos españoles (hoy llamados señoros) con chaquetas de capitanes de yates que nunca zarpaban; esto era en la Canarias de y para el turista español.



Años más tarde, en los años setenta, ya era la invasión definitiva del turismo en que por las calles se veían más foráneos que nativos por metro cuadrado, fue cuando la ciudad vio aquella raza de ibéricos presumidos, arrogantes y la mayoría de ellos analfabetos - sé de qué hablo - y se hacían ellos diferenciar con estulticia y jactancia frente a los naturales de las islas, lo hacían, de entre otras formas y maneras, arrimándose a las barras de los bares, la casi totalidad de dueños españoles por aquellos que entonces suponía invertir en la colonia, y pidiendo en alta voz: “¡¡UN WHISKY CHIVA, CON HIELO!!”; cuando esto ocurría ya el camarero, canario que por lo general apenas sabía leer y escribir correctamente (El primer Instituto de Enseñanza Media que se abrió en la isla para la enseñanza de todo lo que era España fue en 1902 y lo inauguró un canario universal: D. Benito Pérez Galdós justo 500 años después de la llegada de Castilla a Canarias, en 1402), se había acercado y había dicho, de manera sumisa: ¿El señor…qué desea?. Entonces este señorito, recién llegado a la isla y con el vaso entre los dedos, se hacía notar moviéndolo, para que tintineara con el sonido del hielo mientras que con el rabillo del ojo y mirada disimulada prestaba atención a quienes veía que les estaban mirando; ya digo: eran de aquellos señoritos, señoros hoy, recién llegados que venían y veíamos con las chaquetas de capitanes de yates sin zarpar nunca.

 

De todo esto que cuento fui testigo directo con tan solo 14 años en que ya trabajaba, para ayudar a mis padres y tres hermanos menores que yo, detrás de la barra del bar del Hotel Astoria, uno de los más lujosos y señoriales de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria de aquellos años, finales de los 60.

Ver métrica de este poema
  • Autor: Nkonek Almanorri (Offline Offline)
  • Publicado: 29 de octubre de 2026 a las 16:10
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.