Proliferan las voces que nos mienten:
dicen que la hormiga danza bajo el olmo,
que la parra ríe en su nudo de siglos
y que el amor es un territorio sitiado.
Persiste la fábula de que el horizonte,
al final del brazo, se rinde a los dedos.
La piedra ensaya su impostura:
finge el murmullo del cauce
en su vientre de mineral y grieta,
arrastra el eco de ausencias antiguas
y convoca, en el frío, la tuya.
Mientes tú, al ensanchar las manos
pretendiendo apresar el vaho de la noche,
mientras te disuelves, intacta y muda,
en el polvo del silencio.
Es falaz la promesa de un amor simple,
mero inventario de olvidos.
Esa aritmética nos deja sin aire:
lo que no se nombra no se posee;
lo que no se desgarra no se entrega.
Quien se reconoció al fin en su propia sombra
clausuró el desfile de los espejismos.
Cegó las ventanas con la bruma del mundo.
Y aceptó, sin rencor, la sentencia:
que la luz no es un reino, sino un préstamo.
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Autor:
Vjekoslav Darlić Mardešić (
Online) - Publicado: 29 de octubre de 2026 a las 14:09
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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