Hay una parte de usted que permanece en las sombras, un lado oscuro que me atrae con la fuerza de todo aquello que no se deja poseer. Algo en su misterio me despierta, me intriga, me invita a acercarme incluso cuando intuyo que hay puertas que quizá nunca debiera cruzar.
No pretendo descifrarlo. Hay preguntas que pierden su encanto cuando encuentran respuesta, secretos que merecen seguir siendo secretos y abismos que resultan más fascinantes cuando uno aprende a contemplarlos sin miedo a caer.
No me interesan los mapas de los tesoros que cualquiera puede encontrar. Me atrae aquello que no se muestra, lo que usted guarda detrás de esa mirada que parece decir tan poco y esconder tanto.
Hay días en que creo conocerlo un poco más, hasta que descubro otra sombra, otro silencio, otra grieta en esa fortaleza que ha construido alrededor de sí mismo. Y entonces vuelvo a sentir curiosidad, no por el hombre que usted permite que el mundo conozca, sino por aquel que aparece cuando ya no necesita fingir que nada le duele.
Porque sé que hay heridas que usted ha aprendido a llevar con elegancia, dolores que disimula bajo una sonrisa y recuerdos que quizá todavía le arden aunque el tiempo les haya dejado encima una cicatriz.
Y me pregunto, a veces, qué tendría que ocurrir para que bajara la guardia; qué palabra podría atravesar sus defensas, qué caricia conseguiría que dejara de ser fuerte por un instante, qué clase de mujer tendría que ser para que usted no sintiera la necesidad de esconderle ni siquiera sus ruinas.
No quiero ser quien lo interrogue ni quien pretenda salvarlo de sus propios demonios. Quisiera ser esa presencia ante la que no tuviera que defenderse, ese silencio en el que pudiera descansar sin temor a ser descubierto, esa mirada capaz de reconocer sus sombras sin confundirlas con todo lo que usted es.
Y, sin embargo, hay algo más peligroso que mi curiosidad: las ganas de conocerlo de esa manera en que no se conoce a cualquiera, sino a ese hombre al que uno comienza a descubrir incluso en sus ausencias.
Porque tocar su piel sería sencillo; lo verdaderamente extraordinario sería encontrar aquello que nadie ha sabido tocar dentro de usted.
Dígame, ¿qué llave abre esa puerta que lleva tantos años cerrada?
¿O será que no existe llave alguna y que usted, simplemente, está esperando a alguien ante quien, por primera vez, no tenga ganas de cerrar?
No sé qué esconde detrás de sus sombras, ni pretendo conocer todas sus respuestas.
Pero confieso algo lo que más me atrae, es la posibilidad de que, en medio de ella, exista una parte de usted que todavía desee ser descubierta.
B&: Zuleyma Arroyo
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Autor:
Zuleyma Arroyo (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 29 de octubre de 2026 a las 13:02
- Comentario del autor sobre el poema: Hay una dicho que dice que cada persona es un mundo, pero yo considero que cada persona es todo un universo y en mis sentimientos yo quiero ser parte del universo de él.
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1
- En colecciones: Amor!.

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