I
Poseemos el peso del mar de la angustia sobre el pecho, oprimiendo el corazón en las noches y en los días, siempre que se oiga un suspiro y la mirada quede fija en la nada infinita.
II
Y sus mareas, crueles y violentas, golpean con fuerza el interior, cubren los sentimientos con sus aguas tristes y arrastran todo hacia el naufragio y el ahogo. La orilla queda sola, igual que antes del oleaje.
III
Nuevas y antiguas, milenarias aguas, oscuras formas de la bruma que duerme entre la costa y el horizonte. Lo profundo de su cauce se asemeja a las emociones que nos cuesta expresar con palabras, y al dolor de no poder hablar de lo que no hemos vivido.
IV
Cielo que cubres las aguas, has de aclarar y oscurecer sin importar de nuestra existencia. Quien pudiera verse poseedor de tu tenacidad de árbol que resiste a las tormentas, ser parte fundamental de tu ciclo de luz que nace y muere de manera perpetua.
V
Sólo nos quedan los sueños. En ellos, yo doblo en las esquinas de tu hermosura, lentamente. Y planto sonrisas de cristal en los jardines de tus lágrimas. Juntos regamos los cielos y caminamos las estrellas. ¿Y si nuestra estela es el rumbo que siguen las almas nuevas? De ser así, árboles de ilusiones harán guardia por encima de la luz.
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Autor:
Alan (
Online) - Publicado: 29 de octubre de 2026 a las 00:18
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

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