Resbalosa.

El cronista sin puerto

Ciento diez peldaños guarda la cuesta,
ciento diez siglos duermen en la piedra;
la tarde, con su dignidad de reina,
viste de sombra el muro y la vereda.

Por aquí el Qhapaq Ñan tendió sus venas,
cosiendo el Tahuantinsuyo con sus rutas;
pasaron los ejércitos, las penas,
y el tiempo echó sus llaves a las tumbas.

¡Oh, Cusco!, vieja corte de los Andes,
arcón de cal, de sangre y de memoria;
aún llevan tus callejas, aunque callen,
la voz de los vencidos y su historia.

Y sube el exiliado, sin aliento,
con toda su intemperie por abrigo;
lleva un país hundido en el silencio
y un corazón que no se va consigo.

Resbalosa conoce al fugitivo,
al que perdió su nombre en lontananza;
al que, por no saberse aún nacido,
hace del caminar su última esperanza.

Yo subo. Y cada piedra me interroga;
la altura me despoja de certezas.
Abajo queda el mundo con sus voces;
arriba, el viejo enigma de mi existencia.

¿Quién fui antes del polvo y la partida?
¿Quién soy bajo este cielo que no olvida?
¿Qué patria ha de ofrecerme la otra vida
si llevo en mí la tierra dividida?

La tarde cae. Se encienden los tejados.
La sombra unge de siglos las fachadas;
y siento, entre mis huesos fatigados,
las voces de otras vidas olvidadas.

Ciento diez peldaños. Y en la cumbre,
la ciudad abre su pétrea herida;
no hay revelación, ni hay certidumbre:
tan solo el mismo hombre y otra subida.

Mas, ¡ay!, si he de morir buscando el puerto,
que sea entre estas piedras milenarias;
que me encuentre la lluvia, solo y despierto,
con Cusco ardiendo al fondo de mis lágrimas.

Y cuando ya no pueda alzar el paso,
cuando mi voz se extinga en la pendiente,
que el viento me confunda con el Cuzco
y la piedra me recuerde eternamente.

Porque hay caminos que no tienen término,
ni hogar, ni cruz, ni lápida, ni nombre:
el Qhapaq Ñan se pierde en lo pretérito,
pero en Resbalosa aún camina el hombre.

  • Autor: El Cronista sin puerto (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 28 de octubre de 2026 a las 17:46
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2


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