La identidad y el precio de ser uno mismo
(*) ACTUS NON FACIT REUM NISI MENS SIT REA.
El acto no hace culpable a una persona si la mente no es culpable
Nadie conoce el rostro que le queda
cuando termina de fingir.
Yo también vestí nombres ajenos,
construí certezas prestadas
y llamé destino
a las puertas que cerré por miedo.
Hasta que una pregunta
derribó mis silencios:
¿Quién eres cuando nadie te necesita?
Descubrí la soledad
con todas las sillas ocupadas,
el desierto floreciendo en los salones
y la distancia entre dos cuerpos
que ya no saben encontrarse.
Tuve miedo de algo más terrible
que el juicio de los hombres:
convertirme en un extraño
para la única persona
de la que jamás podría escapar.
Yo mismo.
Entonces desmonté mis certezas
y encontré preguntas bajo mis principios,
odios heredados sin conocer sus ruinas
y cadenas que yo mismo llamaba libertad.
Comprendí que ser uno mismo
no es obedecer cada deseo,
sino mirar las propias sombras
sin arrodillarse ante ellas.
Todavía dudo. Todavía temo.
Pero ya no entrego las llaves
a todo aquello que pretende gobernarme.
Porque hay incendios
que no destruyen la casa:
destruyen las paredes falsas
que nos impedían habitarla.
Y si algún día me preguntan
qué he ganado al dejar de fingir,
mostraré mis manos
y responderé:
No he conquistado el mundo.
He dejado de entregarle mi rostro.
JUSTO ALDÚ © 2026
* La máxima ACTUS NON FACIT REUM NISI MENS SIT REA trasciende su sentido jurídico y conecta con el poema al recordarnos que no solo importan nuestros actos, sino también la conciencia y las intenciones que los impulsan. Así, la identidad se une a la responsabilidad moral.
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 28 de octubre de 2026 a las 16:45
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1
- En colecciones: POESÍA FILOSÓFICA.

Offline)
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