El habitante de la arena

José Luis Barrientos León

 

Pertenezco a la estirpe de lo que no se toca.

Arrojo al gran desierto del aire un navío de palabras,

un racimo de sílabas que mi propia garganta dibuja,

para que el vendaval lo deshoje sobre las olas

sin que ninguna mano recoja su náufraga ceniza.

 

No hay templo más sagrado que el espacio vacío,

ni posesión más pura que el relámpago que ya se ha ido.

Busco con testarudez de ciego y dedos heridos

el reflejo de plata que la marea muerde en la noche,

escarbando la duna donde tu cuerpo era un río.

 

Yo, que fui marinero de todos los horizontes,

un ala sin patria cruzando las geografías del frío,

quemé mis naves de viento para construir mi nido

en la geografía sumergida de tus costados.

 

Si el barro de mi pecho tuvo alguna vez luz o corona,

si hubo bondad en mis manos de piedra o sabiduría en mi boca,

fue porque me amarré a la enredadera de tu piel viva,

donde tu garganta de agua me dictaba el mundo.

Toda mi ciencia de fuego comenzó en tus orillas:

si amé la tierra antes, o si el mar me amó después,

fue solo el eco de tu primera marea.

 

El tiempo pasa con su paso de buey cansado,

pero tus huellas en mi mesa se vuelven de miel espesa.

El olvido es un animal torpe que solo muerde la mitad del nido;

por eso, cuando la noche derrama su carbón definitivo,

tu silueta de humo ocupa el reverso de mis sábanas,

instalando su reino de sombra entre la lana y mi pecho solo.

 

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  • Autor: Jose Barrientos (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 28 de octubre de 2026 a las 11:45
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2


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