La mujer que soy
Resisto el embate de inviernos salvajes,
tormentas que azotan sin previo aviso,
y he visto caer los falsos paisajes
de amores que hicieron del alma un precigio.
Soporté la traición, el frío del desengaño,
el eco vacío que deja el olvido,
los torbellinos del hondo daño
y el pulso temblando de haberlo perdido todo en un solo año, pretendo vivir como roble unos cien años.
Sufrí los silencios, los hondos vacíos,
la sombra amarga de la deslealtad de algún ser amado;
navegué a ciegas por negros ríos
buscando la orilla de mi libertad y encontré la paz.
Pero en la batalla de tanta locura,
mientras se rompía por dentro el cristal,
guardé intacta mi esencia pura,
sin darles mi alma ni mi capital, ha alguien que me sea desleal.
No permití que el dolor me torciera el corazón,
ni marchitaran lo que hay en mi interor;
seguí siendo fiel a mi propia primavera, y cultivé cada flor,
defendiendo mi fuego, mi paz, y mi valor.
Hoy miro mis manos, mi frente encendida,
y abrazo orgullosa a la que hoy soy con la chispa encendida:
una reina indómita, fuerte que sano cada herida,
que no se doblega jamás... ni hoy, ni voy llorando sobre el agua derramada, ni cargando el cansancio de los años.
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Autor:
Viviana Maria Londoño Mazo (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 27 de octubre de 2026 a las 07:30
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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