La herida que mira

Antonio Portillo Spínola




​En el centro inmóvil de la vigilia,
donde la sangre piensa y la sombra atestigua,
tres voces cruzan sus hilos en el aire.
​Hablo yo, dice la Vida,
con la garganta húmeda de savia y de relámpago,
te di los dedos para tantear el fuego,
el hambre que no cesa, el pulso desbocado
y este dolor urgente que insiste en llamarse dicha.
Mírame andar sobre el filo del instante:
nada de lo que late sabe ser eterno,
pero cada latido parte el mundo en dos.
​A su lado, sin prisa, la Muerte decanta su peso:
Yo no vengo a quitarte lo que arde,
vengo a darle contorno.
Soy la sal que impide que el tiempo se disuelva en la nada,
el margen que hace legible la página,
el reposo del barro cuando la danza calla.
Sin mi paso, tu incendio sería una llanura sin orillas,
un rumor infinito que no aprende su nombre.
​Y entre ambas gime la Consciencia,
tensa como una cuerda a punto de romperse:
Me desgarran el pecho a golpes ciegos.
Una me empuja a morder la fruta abierta
mientras la otra me llena la boca de ceniza;
no sé si soy el campo de batalla
o el herido que mira su propia herida abrirse.

 

Antonio Portillo Spínola © 

 

  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 27 de octubre de 2026 a las 04:19
  • Comentario del autor sobre el poema: Con este poema he querido reflexionar sobre las tres realidades que acompañan nuestra existencia: la Vida, la Muerte y la Consciencia. La Vida nos empuja a sentir, amar y experimentar; la Muerte nos recuerda que todo tiene un límite. Pero es la Consciencia la que soporta el peso de comprender ambas cosas. Me pregunto si nuestra capacidad de comprender la existencia es también nuestra mayor herida: no solo sufrimos, sino que sabemos que sufrimos y podemos contemplar nuestro propio dolor.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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