Eduardo Cote Lamus, el poeta de Los Patios.

JUAN MIGUEL MORENO VILLAMIZAR

El Poeta De Los Estoraques.

 

Un hombre sabio, talentoso y poeta rodeó con su 

muerte el suelo patiense, pero él sabía que su 

destino sería morir allí, en un accidente cerca de 

sus amados Estoraques; aquellos que le hicieron 

amar todo y dudar de sí. Nacido en Cúcuta en 

1928, renovó el mundo con su poesía y sus 

grandes obras: La vida cotidiana, Los sueños, 

Salvación del recuerdo y Los Estoraques, su obra 

magistral que nos enaltece como patienses, 

descendientes de mastodontes y rocas 

destrozadas y desfiguradas que reflejan la 

fragilidad humana. Este sabio hombre supo 

retratar esto en su poesía: el gran Eduardo Cote Lamus, cucuteño de nacimiento y patiense por 

fallecimiento y amor a este municipio tan joven. 

En él resplandeció la gracia de morir allí y dejar 

sellado su legado en sus amados Estoraques, 

dejando a su amada Alicia destrozada por amor. 

Él se va contento, muriendo en brazos de su 

amado municipio, y el recuerdo del pasado lo 

venera en la actualidad con honores y tambores; 

el gran parque principal su nombre lleva. Fue 

un hombre honesto que en la política causó furor 

por su enfoque en la justicia y por ser amado por 

todos.

El poema Los Estoraques refleja en su primer 

párrafo la existencia del tiempo en la realidad; 

contempla el viento y los sueños, y cómo el 

hombre se cautiva en cualidad, pero sufre en vanidad al querer labrar toda su vida una 

tragedia que es trabajar, donde no hay paz y se 

viene de visita, donde se siente solo y no se 

disfrutan al máximo las alegrías de la tierra; 

todo es pasajero y nada es eterno, y como el 

viento se lo llevó, el olvido lo cautivó.

Este segundo párrafo cautiva en su mirar la 

deformación de las montañas, esos Estoraques 

vacíos pero llenos de rocas y arte conceptual, 

alineados y deformados en una sola línea. Lo 

hace pensar en la altura tan alta hasta donde 

pueden llegar y refleja aquí el deseo del hombre 

de anhelar los deseos del mundo y las alegrías 

terrenales. El poder nubla los pensamientos de 

los hombres y los hace retener su bondad al 

desear más riquezas y destruir la sociedad cuando esta no está a su favor; el poder destruye 

cuando no se construye a la par del beneficio del 

otro, del querer generar algún sentimiento y 

empleo para los demás. Eduardo Cote ve a Dios 

como el creador del mundo y en su imaginación 

crea una narrativa de un plan divino con la 

deformidad de las montañas; es tan 

interesante que podemos reflejarnos allí, en la 

tristeza deforme con la que Dios nos cautiva en 

la alegría y en la corrección de lo humano. De 

los errores llegan las fortalezas y la valentía 

entiende lo humano que se es; es aquí cuando la 

fragilidad se ve destruida y alineada con el error 

cometido, pero con el rayo de luz madura la 

montaña y esa deformidad se convierte en 

columna fuerte que enfrenta toda tempestad.En el tercer párrafo, como buen ciudadano y 

político —como debería ser todo ser humano—, 

genera una crítica constructiva a la sociedad 

viendo dignidad en lo erróneo y santidad en lo 

efímero. Habla de una ciudad que yo acoplo como 

Los Patios, donde hay haciendas y hazañas; y es 

la verdad: un patiense es ágil a la hora de 

competir y saber cumplir el anhelo deseado. 

Habla de reformas y de un presidente reconocido, 

Virgilio Barco, el hombre que conectó con los 

campesinos y que, de Cúcuta al mundo, generó 

un raciocinio. Aquí Eduardo ensambla una 

rutina política en una vanguardia poética y 

sumerge a los Estoraques en una resistencia 

política en donde defiende sus convicciones a 

como dé lugar.Habla de su crítica política y cita su situación en 

general en una comparación de montañas 

donde ve a los campesinos felices por esa reforma 

agraria. Es tan interesante su vida y su legado 

en la poesía que es de admirar cómo Eduardo 

Cote Lamus marcó un antes y un después en la 

política nacional y en su labor como poeta; un 

gran hombre que sabe acoplar sus principios con 

el arte y su vida con la realidad. El gran 

mastodonte del norte y de Los Patios; amar 

tierra nueva que lo abriga como estandarte: su 

poesía pura es un himno nacional.

Esa obsesión por la muerte y por saber qué hay 

más allá te hizo analizar y crear grandes obras; 

no sabías tu destino ni cuándo iba a finalizar, 

pero, como lo presentías o simplemente veías, llegó ese día donde ibas a ascender a la 

eternidad, dejando a tu amada Alicia sola. ¡Qué 

dolor tan grande! Se han perdido los dos en la 

infinitud del tiempo y en la eternidad del deseo. 

Ya no estarán más juntos y Alicia no será el 

refugio de Eduardo para acelerar el paso y no 

llegar a morir tan joven; pero ese es su paso 

para ser inmortal. Sus libros reflejan su vida 

como ejemplo y su talento hoy en día es de 

admirar. Un 3 de agosto de 1964 ibas a fallecer; 

el tiempo y el destino lo tenían todo preparado: 

en un accidente, un carro acelerado y un golpe 

destrozaron tu vida y esa luz se apagó. A la 

eternidad fuiste recibido, hombre tan unido a su 

familia que se ha perdido en la inmortalidad, 

pero a la vez en lo mortal porque no sobrevivió, aunque su legado es el recuerdo hoy. En Los Vados 

es recuerdo de historias y amor de ese gran 

gobernador, el poeta más amado, el patiense 

más recordado; el que eligió este santo suelo 

para descansar hasta que Dios lo resucite. Es ahí 

donde él dice: patiense por convicción. A la hora 

de su muerte, el deseo se consumió en aceptación 

y en suelo patiense él falleció. Legado de historia 

y talento, hoy es recordado como el poeta de Los 

Patios. 

 

Sentimiento.

 

En este poema continúo relatando las figuras históricas que marcaron nuestro municipio con sus huellas.

 

Eduardo Cote Lamus, lamentablemente, falleció en suelo patiense; sin embargo, tiempo atrás había retratado, con una sátira política, la grandeza de los magistrales estoraques, signo insignia de nuestro municipio.

 

Eduardo Cote Lamus, figura histórica e importante poeta, no solo marcó a nuestro municipio y departamento, sino también al mundo entero. Reflejó en su poesía el amor por su tierra y, en su breve paso por la vida, retrató cada emoción en una lírica y cada sentimiento en un poema.

 

Eduardo Cote Lamus es recordado en aquellos vados donde falleció en el fatídico accidente; pero aquel momento trágico sembró el respeto y el homenaje que hoy se le rinde en la vereda y en todo el municipio.

 

Eduardo Cote Lamus, el poeta de los estoraques.

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