EL RINCON DE TU OLVIDO

marta CARMEEN

A sus ochenta años, don Ernesto todavía conservaba una caja de madera junto a la cama. Dentro había fotografías amarillentas, cartas que nunca se atrevió a enviar y una pequeña cinta azul, descolorida por el tiempo. Cada vez que la encontraba, regresaba con la memoria a aquel verano lejano en que conoció a Clara.

Tenía diecisiete años y creía que el amor era una palabra inventada por los poetas. Ella llegó una tarde a la plaza del pueblo, acompañada por su madre y cargando un libro contra el pecho. Llevaba un vestido blanco con pequeñas flores azules, y el viento le desordenaba el cabello. Ernesto la miró desde el banco donde fingía leer, aunque llevaba varios minutos con la misma página abierta.

Clara se sentó cerca de la fuente. Al poco rato, el libro resbaló de sus manos y cayó al suelo. Ernesto se apresuró a recogerlo. Sus dedos se rozaron, y ambos sonrieron con una timidez que parecía decirlo todo.

Desde aquel día se encontraron cada tarde. Caminaban junto al río, compartían helados y hablaban de sus sueños. Ella quería conocer el mar; Ernesto deseaba convertirse en maestro. A veces permanecían en silencio, contemplando cómo el sol se escondía detrás de los tejados. No necesitaban más. En aquellos silencios  cubiertos de besos cabía una felicidad inmensa.

La última vez que la vio fue una mañana de septiembre. Clara le entregó la cinta azul y le prometió que volvería después de visitar a unos familiares en otra ciudad. Ernesto esperó en la estación, bajo una lluvia persistente, pero ella nunca apareció. Preguntó, buscó noticias, recorrió las calles donde habían paseado. Nadie supo decirle qué había ocurrido.

La vida continuó. Ernesto se casó, tuvo hijos y conoció otras formas de amor. Sin embargo, ninguna borró aquella primera emoción, tan limpia y luminosa como la luz sobre el río.

Ahora, cada noche, sostiene la cinta entre sus dedos y mira por la ventana. Las estrellas parecen pequeñas lámparas encendidas para guiar a los ausentes.

Y en el silencio de la habitación, mientras el mundo duerme,  le parece escuchar su risa joven y siente el sabor de sus besos pegados a alma, como si su boca no hubiera querido olvidarlos..

Se dijo: ¿En que rincón de tu olvido escondite todos los besos  que eran míos ?                                                                                                              

  Marta

  • Autor: marta CARMEEN (Online Online)
  • Publicado: 26 de octubre de 2026 a las 18:54
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2


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