Pachamama, no eres solo tierra,
ni roca, ni arena, ni piedra dormida;
eres el agua que fecunda la sierra,
eres alimento, esperanza y vida.
Eres el sitio donde el viento conversa
con los altos cerros al atardecer,
donde el sol, al despertar cada mañana,
recibe el saludo de un nuevo amanecer.
De tu vientre nací, madre querida,
y algún día a tu seno volveré;
me diste alimento, abrigo y vivienda,
y en tus brazos mi infancia cobijé.
Con mis manos toscas tomé el arado,
abrí tus entrañas con fe y con amor;
deposité la semilla en tus surcos,
confiando en tu seno la cosecha y la flor.
De ti brotaron los frutos benditos
que a mis antepasados dieron sustento;
hoy alimentas a mis hijos queridos,
y sigues brindando tu pan y tu aliento.
¡Pachamama!, ¿por qué tanta tristeza
me invade al mirarte sufrir y llorar?
La humanidad destruye tu belleza
y envenena las fuentes de tu manantial.
Contaminan tus ríos, talan tus montes,
queman tus bosques sin compasión;
llenan de químicos todos tus campos
y siembran veneno en tu corazón.
¡Qué dolor, madre mía, qué agonía,
verte herida por nuestra ambición!
Tú nos entregas el pan de cada día,
y te pagamos con destrucción.
¿Acaso olvidamos que somos tus hijos,
que de tus entrañas brotó nuestra vida,
que sin tus aguas, tus frutos y ríos
nuestra existencia estaría perdida?
No hay riqueza que iguale tus dones,
ni oro que compre tu inmensa bondad;
tus bosques, tus aguas y tus horizontes
son el gran tesoro de la humanidad.
¡Despierta, conciencia, detén ya la herida!
¡Aún estamos a tiempo de rectificar!
Cuidemos la tierra, defendamos la vida,
que un mundo más limpio podemos dejar.
Pachamama, perdona nuestra ceguera,
nuestra indiferencia y nuestra ingratitud;
queremos volver a tu esencia primera,
sembrar esperanza y cosechar virtud.
Y cuando mis días lleguen a su ocaso,
cuando ya no pueda tus campos labrar,
recíbeme, madre, con tu tierno abrazo,
que de ti he nacido y a ti he de regresar.
Pachamama, madre de todos los seres,
principio y destino de la humanidad;
que aprendan tus hijos a amarte y quererte,
pues cuidar de ti es proteger la paz.
Pachamama, no eres solamente
el suelo que pisamos al caminar;
eres la madre que nutre a sus hijos,
eres el aire que nos permite respirar.
Eres el hogar que todos compartimos,
el árbol, la flor, el río y el mar;
herirte es herir nuestras propias raíces,
protegerte es el futuro resguardar.
Porque la Tierra no nos pertenece,
ni somos sus dueños por casualidad;
somos sus hijos, parte de su esencia,
y en ella encontramos nuestra identidad.
La Tierra no nos pertenece:
nosotros pertenecemos a ella.
ERMITAÑO SOÑADOR
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Autor:
Ermitaño Soñador (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 26 de octubre de 2026 a las 08:14
- Categoría: Naturaleza
- Lecturas: 1

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