Poema filosófico
Sin dinero no eres nadie;
con dinero, tampoco,
si has olvidado lo que significa ser humano.
Muchos creen que el dinero lo es todo,
pero ¿quién se quedará con nuestras riquezas
cuando nuestros huesos vuelvan a la tierra
de donde un día salieron?
Decir que sin dinero se puede vivir
sería mentir,
pues mueve gran parte del mundo;
pero una cosa es necesitarlo para vivir
y otra vivir esclavizados por él.
El trabajo nos trae afán,
y el descanso, preocupación.
Corremos detrás de un futuro tranquilo
mientras el presente se nos escapa.
¿Seremos sabios al encontrar el equilibrio?
No lo sé, pero sí sé
que la paz no se compra con dinero.
¡Cuántos llenan sus manos de riquezas
mientras su corazón permanece vacío!
¡Cuántos conquistan el mundo
y pierden la alegría de vivir!
Si miráramos la vida con ojos de niño,
quizá habría menos rencor
y más amor en nuestros corazones.
El infante ama sin calcular,
sin preguntar qué recibirá;
pero nosotros apagamos esa luz
con palabras que hieren como dagas,
clavándose en el pecho y en la mente.
Hay palabras que no dejan cicatrices visibles,
pero destruyen la confianza
y lastiman el alma.
Por eso debemos aprender del infante:
dar amor sin ponerle precio,
sin convertir el cariño en una deuda,
sin esperar recompensa por cada gesto.
Amar no significa aceptar el maltrato,
sino ofrecer bondad sin perder la dignidad;
porque podemos amar sinceramente
y aun así establecer límites.
Lo material se acaba,
las riquezas cambian de manos
y las posesiones quedan atrás;
pero el amor deja huellas
que viven en los recuerdos
y permanecen en el corazón.
¿De qué sirve acumular riquezas
si empobrecemos nuestros sentimientos?
¿De qué sirve conquistar el mundo
si perdemos la paz en el intento?
Quizá la verdadera riqueza
no sea lo que guardamos en las manos,
sino lo que sembramos en otras vidas:
la bondad que ofrecemos,
las heridas que evitamos
y el amor que sabemos entregar.
Porque no vinimos al mundo
solamente para tener,
sino también para aprender a ser;
y cuando llegue nuestra partida,
que no nos recuerden por lo que tuvimos,
sino por el amor que compartimos.
Las riquezas pueden abandonar nuestras manos,
pero el amor que sembramos
puede permanecer para siempre
en el corazón de quienes lo recibieron.
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Autor:
Wuiliam (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 25 de octubre de 2026 a las 19:42
- Categoría: Sin clasificar
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